Inspirada en el post de Gigi...Hasta hace unos años atrás, cuando vivía en Lima, si me preguntaban cuál estación del año era mi preferida, yo sin dudar hubiera exclamado feliz: “El verano!!”
Verano en Lima era sinónimo de playa, relax y juerga. Creo que todos los veranos que viví en Lima fui más feliz que el resto del año. Pienso que mucho influye tener la piel bronceada, eso sube el ánimo. Los días claros también contribuyen a crear la atmósfera de felicidad. Los fines de semana en la playita, con tu cervecita y tus choritos a la chalaca al lado ya es una imagen paradisíaca. Y cualquier día laboral de la semana podías escaparte a la hora de almuerzo a comer un cebichito frente al mar. Rico.
Rico el solcito, y rico el aire fresco. Riquísimo el verano… en Lima.
Luego de 4 años viviendo en Chile puedo afirmar categóricamente que no hay nada más insoportable que el verano en Santiago. Esta es una ciudad que está lejos del mar, mas bien está pegada a la cordillera de los andes y tiene un clima seco de sierra. Los climas acá son bastante extremos, mucho frío en invierno y mucho calor en verano.
Acá llegar a 30 grados es una pichanga realmente, lo común de cada día del verano. Por lo general la temperatura promedia los 32 grados y hay días en que se ha llegado a 37 grados. Se que en Europa es peor, y hasta creo que en Buenos Aires también, pero desde la perspectiva de alguien que estaba acostumbrada a los veranos limeños, es bastante el cambio. Un día que haga 28 grados, ya es un día más “fresquito” en comparación de los otros.
Aparte del calor, no corre una gota de viento así que es realmente sofocante estar en la calle entre las 3 y las 6 de la tarde, que es el momento en que el sol quema más fuerte. A esa hora mejor ni salgas de tu casa. Hace como tres veranos atrás, estaba parada en un paradero esperando una micro que no pasaba nunca debajo del sol radiante cuando en eso empecé a sentir un olor a quemado. Miré a mi alrededor y no había nadie hasta que me di cuenta que el olor provenía de mí. Me pasé la nariz por el brazo y me di cuenta de donde venía el olor. Los pelitos del brazo se habían chamuscado por el calor. De verdacito, se los juro. Mucho, mucho calor.
Y la playa más cercana está como a 2 horas. Se puede ir los fines de semana pero es todo un viajecito. Hay playas un poco más cercanas como Viña ( que ni tanto más cercana, te demorarás hora y 45 en llegar) pero particularmente
a mí Viña me hace recordar a Ancón un día domingo. Más allá está Reñaca que se supone que es un poco más pípiris, pero la verdad es que es una tripita de arena atiborrada de gente. Todo el mundo quiere ir a Reñaca. Todos menos yo que odio las multitudes.
El verano pasado estuvimos yendo a Maitencillo, esta playa de la foto. Es una playa más grande y no está tan crowded como las anteriores. Sí bonita, pero falta algo. El cebichito, los choritos, la chelita. Pero en todo caso playa es playa e igual soy feliz cuando estoy echada en la arena frente al mar.
Pero eso es con suerte algún fin de semana. Los demás días a ahogarse en Santiago. Encima por donde vivo ahora hace más calor. Será porque no hay edificios o porque está al lado de un cerrito pero el caso es que nunca había sentido tanto calor. Es realmente idiotizante. Tengo que regar el jardín dos veces al día e igual se está secando por algunas partes. Y cada vez que salgo a regar el jardín me echo un poco de agua con la manguera para no caer desmayada bajo el sol. Y ni les cuento el hermoso bronceado camionero que tengo. Los brazos negros y la panza y las piernas blancas. Sólo me bronceo cuando salgo a regar.
Por suerte tengo una vecina buena gente que de vez en cuando me invita a su piscina y soy feliz. Salimos del agua cuando ya estamos arrugadas y moradas porque hace tanto sol afuera que ni provoca echarse en la toalla. Pero tampoco es que me invite todos los días.
Recién estamos 8 de enero, queda por lo menos mes y medio más de sol y yo ya no lo soporto. Encima con el cambio al horario de verano recién anochece a las 9 y media así que los días son inmensamente largos. Puaj.
No me gusta para nada el verano en Santiago, me quedo mil veces con la primavera o el otoño.




