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viernes, 28 de marzo de 2008

Viernes aburrido

Posteando estoy para no perder la costumbre, aunque la verdad es que estos días la he pasado bastante aburridita.

El lunes antepasado, el 17, tuve un día bastante atareado, en esas estaba yo yendo y viniendo cuando paré en la farmacia que hay cerca de mi casa (unas 10 cuadras). Compré unas pastillas, me demoré 5 minutos y cuando volví a subir al auto para regresar a mi casa, resulta que este murió, kaput, finish, no prendía.

Un mes atrás….

Salía disparada de mi casa, llaves del auto en la mano y cartera medio colgada del hombro porque pretendía llegar a una misa a la que voy todos los meses pero que la iglesia queda al otro lado de Santiago. La misa era a las 12 y ya eran como las 11.35 así que tenía el tiempo justo para romper records de velocidad y llegar a tiempo. Subo al auto y resulta que este no prendía. Tratando de revivirlo me demoré como 20 minutos, y no lo logré. No pude ir a la misa y me quedé muy, muy triste.

Esa era una tarea que sólo podía solucionarla el súper mecánico amigo!!

Quién es el súper mecánico amigo??? Sigamos retrocediendo en el tiempo….

Noviembre 2007

Llevé a mi auto querido a pasar la revisión técnica, y el pobre hizo papelón, no solo no pasó la revisión sino que en pleno examen se calentó y tuvieron que sacarlo empujándolo, tal como conté en este post

Como definitivamente mi auto tenía un problema, y antes de que muera en plena revisión ya le habían detectado otras fallas más, tuve que llevarlo a un taller para que me hagan un presupuesto a ver cuanto costaría dejar a mi auto listo para graduarse de la revisión técnica con honores, summa cum laude.

Llevé a mi auto a la misma Chevrolet y bueno pues, la gracia me costaba como 500 mil pesos, aproximadamente mil dólares. Jua jua, ni loca pensaba gastar tanta plata, así que pedí una segunda opinión y lo llevé a otro taller no autorizado: 450 mil pesos, o sea 900 dólares, gran ahorro.

Resistiéndome a gastar tanta plata en mi auto que realmente es bien viejito iban pasando los días y yo no pasaba la revisión técnica exponiéndome a que en cualquier momento me caiga una multaza, hasta que un día mi vecino me dijo que él conocía al “súper mecánico amigo” que podía chequear mi auto y me iba a salir mucho más barato que un taller.

A ver pues, lo llamé y el súper mecánico amigo (llamémoslo SMA para abreviar) llegó en una camioneta destartalada y diagnosticó que mi auto necesitaba un cambio de radiador ya que el que tenía estaba con filtraciones y ese era el motivo por el cual calentaba. Entonces partí rauda a buscar el radiador correspondiente para hacerle el trasplante a mi autito. Lo encontré en la calle 10 de julio, donde venden varios repuestos de autos, algunos de orígenes no muy santos. El radiador en cuestión me costaba como 300 dólares, ya que era uno especial para vehículos automáticos y no se qué mas. Bueno pues, caballero a pagar, pero como en ese momento estaba en el auto de mi esposo quedé en ir al día siguiente con mi auto para que le hagan el trasplante.

Llamé al SMA a contarle que había encontrado el radiador y me dijo que estaba loca, que cómo iba a pagar tanto y en la noche se apareció en la puerta de mi casa con un amigo y un radiador igualititito al de mi auto. Resulta que su amigo había destrozado un auto igual al mío y estaba vendiendo las partes así que me vendió el radiador por 40 lucas, o sea 80 dólares.

Después entre arreglar tubo de escape, alineación y otras cosillas más que me criticaron en la revisión técnica, más los honorarios profesionales del SMA gasté 40 lucas más y mi auto a la semana siguiente pasó la revisión técnica con honores habiendo invertido en él sólo 80 mil pesos, unos 160 dólares comparado con los mil que me pedían en el taller.

Díganme si no es lo máximo el súper mecánico amigo???

Mi auto anduvo por la vida sin problemas durante los siguientes tres meses hasta hace un mes atrás en que, como contaba, el auto no me prendió en la puerta de la casa justo cuando salía apurada para la misa.

Llamé al SMA, quien se apareció en mi casa con otro amigo y con un auto más charcheroso aún que el que le conocía y se llevó a mi autito a chequearlo en su casa-taller (que queda cerca de mi casa). A los dos días me devolvió a mi auto piticlín, como nuevo, lo que había fallado era el arrancador pero supuestamente ya lo había arreglado.

Y digo supuestamente porque al mes siguiente (o sea hace dos lunes) me quedé botada en la farmacia por lo mismo. Ya sabía que era el arrancador porque la batería estaba bien, y al intentar prenderlo hacía el mismo ruido ahogado de la vez pasada. Obviamente la reparación no fue tan buena que digamos.

Llamé al SMA para que me auxilie y el celular sonaba y sonaba y jamás respondía, Lo llamé a su casa y no estaba. Llamé al seguro a ver si tenía una grúa que pudiera remolcar mi auto y sí tenían pero se demoraban en llegar como dos horas y sólo podían llevar mi auto a algún taller. Y yo no quería ir a ningún taller pues, yo quería llevar mi auto a la casa para que después el SMA lo vaya a ver y me cobre baratito nomás. Finalmente quedé con mi esposo en dejar el auto allí en la farmacia y en la noche él me remolcaba con su camioneta a la casa.

Así que regresé a mi casa caminando a las 4 de la tarde muriéndome de calor y ni bien llegué fui auxiliada por unos amables vecinos que al saber de mi aventura mecánica se ofrecieron ellos a remolcar mi auto en su camioneta. Así que a los 20 minutos ya estaba mi auto en la puerta de mi casa nuevamente.

EL SMA no me contestó jamás el celular y recién a los dos días lo pude ubicar en su casa porque lo llamé a las 9 de la mañana encontrándolo profundamente dormido. Me dijo que en la noche iba a ver mi auto. Nunca llegó. Lo seguía llamando y nada. Pasó semana santa. Logré ubicarlo en su casa temprano nuevamente, me dijo que sorry que se había olvidado, que en la noche iba a mi casa. Lo esperé sentada, no llegó nunca. A los dos días mi esposo lo llamó al celular y ahí sí contestó, lo que me confirmó totalmente que a mí no me quiere contestar el celular. Le dijo que de tooooooooooooooodas maneras iba a ir esa noche. Por supuesto que no llegó.

En conclusión el súper mecánico amigo ya ha dejado de ser mi amigo y ahora lo odio porque me ha hecho perder dos semanas en las cuales no he podido salir de mi casa. Por acá no pasan taxis, sólo si los llamas por teléfono y te sale carísimo. Y sólo hay una micro que te saca a la avenida principal y siempre pasa llenísima que tienes que ir colgando de la puerta y no pues, no me parece. O sea, si no tienes auto, no la haces.

En todo caso ya quedamos con maridín en que mañana sábado él me remolca a un taller que hay por acá cerca a que arreglen mi auto de una vez. Ya no importa cuanto cueste, nomás espero que no sea mucho.

En fin, yo pensaba contarles realmente todas las cosas aburridas que he estado haciendo estas últimas dos semanas para matar el tiempo encerrada en la casa pero este post ya me quedó muy largo contando sólo la anécdota mecánica así que ya fue. Otro día les cuento.

viernes, 5 de octubre de 2007

Las nuevas aventuras de Ursula Schumacher

¿Se acuerdan de mi alter-ego, Ursula Schumacher?, ¿aquel personaje intrépido y osado, que sentada al volante de su automóvil, recorría velozmente las calles de Santiago? ¿No se acuerdan? Entonces podrían refrescarse la memoria leyendo este post, o este también….

Bueno pues, les cuento cómo he ido poco a poco superándome a mí misma en el difícil acto de conducir un automóvil (no se rían, para mí ha sido súper difícil).

Cuando en aquel lejano mes de junio de 2006 obtuve por fin la licencia de conducir, mi esposo y yo teníamos un VW Gol, mecánico, este de aquí:

Con este carro tuve mis primeras aventuras y vencí mis primeros miedos, pero a pesar de todo me seguía costando sacar el auto y solamente lo hacía en casos de extrema necesidad. Manejar realmente me estresaba así que si había posibilidad de caminar prefería hacerlo o si tenía que ir a un sitio donde no conociera el estacionamiento optaba por irme en micro. Realmente creo que sólo utilizaba el auto para ir a mis clases y para visitar a mis amigas. Yo pensaba que de a poquitos iba a ir superando mis miedos hasta que a mi esposo se le ocurrió vender el VW y comprar esta camioneta:


Una Suzuki Grand Nomade 2007, mecánica. Linda la camioneta, pero yo la veía inmensa. Imagínense, si con el VW nomás sufría por sacarlo del estacionamiento del edificio, esta camioneta mucho más grande y ancha no había forma de que me atreva siquiera a manejarla por la rampita por donde se salía del estacionamiento. De hecho siendo mecánica es mucho más pesada y encima estaba nuevecita, brillante y lustrosa, y si por ahí le hacía un rayón era posible que mi esposo me solicite el divorcio en el acto. Y el otro tema era la estacionada, admito públicamente ser una bestia estacionándome y necesitar harrrssshto espacio para maniobrar y con un auto de esas dimensiones era imposible que lo logre.

Así que con el fin de salvaguardar el bienestar e integridad de mi persona, del auto y de mi matrimonio decidí interiormente jamás manejar la camioneta, o al menos esperar que mi esposo le haga un par de rayones para atreverme a manejarla. Todos los fines de semana quedábamos con mi esposo en que íbamos a salir con la camioneta para que practique y todos los fines de semana también ambos buscábamos algún pretexto para no hacerlo. En el fondo creo que él se moría de miedo de enseñarme a manejarla y yo me moría de miedo de rayarla.

Así que por un par de meses fui peatona nuevamente. La verdad es que no sentí mucho el cambio ya que el VW tampoco lo usaba mucho, pero a veces sí extrañaba tener auto cuando tenía que ir a mis clases por ejemplo, que eran lejos y tenía que regresarme de noche. Y la camioneta bien guardada en el garaje, ya que mi esposo se iba caminando a su oficina.

Pero eso sólo fue un par de meses. Cuando compramos la casa, ya era una necesidad tener dos autos. Ahí mi esposo tenía que llevarse la camioneta para ir a la oficina, y yo necesitaba algo para movilizarme porque salir de acá en micro es medio complicadillo. Quedamos en comprar un auto de segunda, yo feliz, ya que al ser un auto usado no iba a tener el enfermizo terror que tengo de rayarlo, es más si comprábamos un auto rayadito mejor para mí, me iba a dar más confianza.

Así que buscamos y encontramos este autito:

La foto la saqué de internet pero es el mismo modelo y casi el mismo color, todavía no le he tomado la foto respectiva a mi súper auto. Un Opel Corsa usadito, viejito y automático! Lo máximo!!! Cuando lo probé antes de comprarlo fue amor a primera vista, un auto de las dimensiones exactas, ni tan pequeño cual Tico ni tan grandote que me cueste estacionarlo y automático para no estresarme con los cambios ni el embrague. Realmente podría decirse que es el primer auto en el que me he sentido cómoda (si contamos todos los autos que he intentado manejar desde que tenía 18 años).

Le perdí el miedo a las calles, me metí por fin a la autopista (no hay forma de salir de mi casa si no pasas por una autopista) y ponía por fin música en el auto cuando antes no prendía la radio porque alucinaba que todo el mundo me tocaba el claxon.

Pero como todo tiene su final y nada dura para siempre la felicidad me duró mes y medio. La semana pasada tenía que ir a la clínica y no encontraba sitio en el estacionamiento subterráneo. Después de dar mil vueltas encontré un lugar al lado de una columna. Me metí mal, pegándome mucho a la columna. Cuando traté de enderezarme no se qué hice que me pegué más, traté de retroceder para salir del estacionamiento y volver a entrar cuando en eso escucho “Crrrrrrrrrrrrrrrrjjjjjjjjjjjjjjggggggggghhhh”. “Pucha!”, pensé, “Ahora sí ya le hice un súper rayón al auto”. Logré salir, volví a estacionarme derecha y cuando quise salir del auto para evaluar la magnitud del daño la puerta abrió sólo hasta la mitad y el espejo se cayó. Salí por la otra puerta y sintiéndome el ser más estúpido del Planeta Tierra vi lo que le había hecho a mi amado autito. Un rayón amarillo, color columna de la clínica, en todo el lado izquierdo, con la pintura descascarada, la puerta y el tapabarros descuadrados, y el espejo caído. Horrible oye. Desconsolada estuve a punto de echarme a llorar cuando en eso escucho que una señora me dice: “Uy, bienvenida al club”. Volteo y veo la parte derecha de su auto toda abollada, parece que también le pasó lo mismo en algún momento pero eso no fue ningún consuelo para mí.

Rompí mi autito y ahora está en el taller recuperándose de los daños. Y yo soy peatona desde el martes y lo seré por lo menos hasta el viernes de la próxima semana fecha en la que me han prometido que el auto estará listo, ojalá pues. Y salir de mi casa en micro es realmente una tragedia, si tengo que ir al doctor por ejemplo, al cual estoy yendo todas las semanas, tengo que tomar tres micros y hay uno de estos que pasa cada media hora. Ya les había contado lo lindo que funciona el Transantiago no??? Y tomar un taxi desde acá sería endeudarme de por vida, me saldría carísimo. Pero bueno, es mi culpa, por burra, por no saber estacionarme. Nota mental: Practicar estacionamiento, practicar estacionamiento, practicar, practicar, practicar.

martes, 27 de marzo de 2007

Varias

Hoy recibí la llamada de dos bloggers amigos quienes estaban extrañados porque andaba medio desaparecida de la blogósfera, del messenger y no contestaba sus mails. Ahora la tecnología nos tiene tan conectados que si estás offline por un tiempo corres el peligro de que la gente piense que has muerto. Gracias chicos por sus llamadas, me alegró el día hablar con ustedes y ya se dieron cuenta de que estoy vivita y feliz. Y si estos grandes amigos se dieron el trabajo de llamarme desde Lima en busca de alguna señal de vida, pues es síntoma de que debo manifestarme de algún modo y acá me tienen en una cabina posteando.

He estado offline estos días (por si alguién más notó mi ausencia) sencillamente porque mi PC sigue muerta, hay que hacerle un extreme makeover reconstrucción total y no ha habido tiempo últimamente, ojalá este fin de semana ya esté bien y pueda retomar mi vida normal.

Gracias a todos los que me dejaron comments en el post anterior sobre mi hermano, sorry por no responderles como acostumbro pero ya saben, estoy sin PC y en la cabina se me van los minutos en chequear los mails. Mi hermano llegó el jueves a Buenos Aires y he sabido por mi mami que está bien, ya se instaló en un depa con dos amigos y pronto empezará sus cursos. Tía Lauris, apenas pueda comunicarme con mi hermano le paso tu mail, a ver si un día salen a pintar jirafas por ahí, ja ja!

La semana pasada estuvo super movida, se me juntó la visita de mi hermano, corta pero bonita con un evento de poesía que hubo en Santiago al cual vinieron varios poetas peruanos. Una de las poetisas invitadas fue Carmen Ollé, a quien conozco desde niña por ser amiga de mi familia. Así que estuve de guía turística con Carmen y Rossella di Paolo, otra notable poetisa peruana a quien tuve el gusto de conocer recién. Así que he estado entre city tours y recitales de poesía. Me hubiera gustado escribir un post respecto al evento de poesía pero quiero que sea un post bonito, y comprenderán que en 10 minutos en una cabina no lo voy a lograr, así que ese post queda pendiente para cuando arreglen la PC.

También les cuento que tuve mi primer "incidente" automovilístico. Llamémosle incidente porque no llegó a ser accidente. La semana pasada quedé en pasar por las poetisas a su hotel para salir de city tour. Las recogí, nos fuimos a pasear por el centro, pasé por plena Plaza de Armas, me metí en callecitas que ni conocía, me estacioné sin problemas y ya me sentía la Schumacher total y absoluta. Pero como nada es perfecto, ya de regreso a la casa para dejar el auto y hacer la segunda parte del city tour a pie, me pegué mucho a la derecha y le di a la llanta con uno de los bloques de cemento que han puesto en las pistas para delimitar los carriles de autos y los carriles por donde pasa el Transantiago. Me pegué el susto de mi vida, y a las tres cuadras la llanta estaba en el piso, buuuuuuuuuu...

Tuve que esperar una hora a que venga la grúa para que cambie la pinche llanta, porque yo no tengo ni idea cómo hacerlo. Anotar en mi agenda que necesito un curso super intensivo de cambio de neumáticos. La llanta herida tiene tres cortes bien feos, o sea, la destrocé, yo creo que ni parchándola se salva, es pérdida total, snif... Bueno, esto me servirá de lección para no pegarme tanto a la derecha la próxima vez, siempre tengo esa pésima costumbre, y reconozco que la culpa ha sido mía y sólo mía, aunque estuve tentada de echarle la culpa al Transantiago por delimitar sus pistas así, ja ja!

También les cuento que el otoño llegó con todo a Santiago, está lloviendo torrencialmente, yo que salí a comprar unas cositas y me pescó la lluvia en plena calle así que aquí me tienen refugiada en esta cabina. Lo peor es que muy abrigada no estoy y en lo que voy escribiendo este post ya he estornudado un par de veces, así que sospecho que se viene un resfrío, puaaajjj...

Y nada más tengo para contarles, sorry que no pase por sus blogs tan seguido, debo tener 800 mil posts nuevos en el GReader, el problema es que no tengo en qué momento leerlos porque a la cabina sólo vengo un ratito. Esperemos que la próxima semana ya pueda pasearme ampliamente por sus blogs como acostumbro hacerlo.

Sin nada más que contarles me despido. Hasta la vista babies!

viernes, 8 de setiembre de 2006

Primera aventura al volante

Recuerdan que hace más de dos meses les conté que ya tenía mi licencia???. Recuerdan también que después les conté que hasta ahora no manejaba sola porque no sabía sacar el auto del estacionamiento subterráneo??

Bueno pues ayer me rebelé y saqué el auto por fin!!!, bueno, ya era hora, al paso que iba ya hasta me iba a olvidar de cómo era el asunto del manejo. Había practicado un par de veces, con mi esposo de copiloto, como meter y sacar el auto del estacionamiento, y sacarlo me parecía súper fácil, pero guardarlo me sigue pareciendo re yuca, porque el espacio es bien chico y tienes que meter el auto en retro y yo que tengo tanta caña, ya se imaginarán.

Ayer tenía que hacer un par de cosas en la mañana, entre ellas irme a la clínica donde me operaron para ver unos papeles del seguro. Estuve tentada de irme en el auto pero como es relativamente lejitos y tengo que entrar a una autopista (si quiero evitar la autopista tendría que darme una vueltaza y no es la voz), estaba en duda, aparte la clínica está al lado del Parque Arauco que es un mall que siempre para full y conseguir estacionamiento es difícil, y yo que la rompo estacionándome (risas por favor) ya me estaba imaginando el papelón que iba a hacer y tampoco me daba como para pagar dos mil pesos de valet parking (como 4 dólares) que es el recurso desesperado de una amiga que está en las mismas que yo en cuestión manejo. En esas cavilaciones estaba yo, sentada en mi terraza, voy en auto o no?, cuando en eso la naturaleza o Diosito me dio la respuesta: empezó a llover. Ah no pues, con lluvia ni loca saco el auto, el mundo no quiere que manejes Ursula, chapa tu micro nomás. Así que me fui en micro ida y vuelta, ni modo, aunque mejor, porque al llegar al Parque Arauco vi que los estacionamientos estaban full así que ya me imagino todo lo que hubiera sufrido en conseguir un sitio con suficiente espacio al lado para permitirme maniobrar (soy caña monse pues, perdónenme).

Igual, me quedé medio picona, como ya me había despertado rebelde quería sacar el auto sí o sí, de repente al día siguiente me despertaba cobarde como suele suceder y así jamás en mi vida me voy a mandar a manejar sola. Una amiga (la misma del valet parking), me había invitado a su casa a comer helados con kekitos (re-tragonas), realmente mi amiga vive re-cerca, serán 10 cuadras que por lo general las camino, pero esta vez decidí que iba a ir en auto, además ya había parado de llover y hasta solcito había salido.

Bueno pues, de lo más decidida yo bajé al estacionamiento, acomodé espejos, cinturón, y saqué el auto feliz de la vida y sin ningún problema. Ok, paso 1, done. Ahora el paso 2, manejar en la calle.

La ruta más corta para ir a la casa de mi amiga es cruzando una avenida doble por un cruce no semaforizado, solamente tiene un ceda el paso. Ja ja, ni loca, preferí irme a lo seguro por una ruta un poco más larga pero con semáforos. Manejé super tranqui, nadie me tocó el claxon, nadie me insultó, nadie me miró feo, agarré puro semáforo en verde y llegué perfectamente a la casa de mi amiga. Paso 2, done. Ahora el paso 3, la estacionada pues.

Ya desde antes de salir había decidido que no me iba a meter en el estacionamiento de visitas de mi amiga porque es bastante estrecho y estaba segura que no me iba a ligar, yo pensaba estacionarme en la calle, en la puerta de su edificio, más fácil y acá normal dejar el auto afuera porque no roban (o sea, hay robos pero las estadísticas son bajísimas, ya tendrías que ser recontra piña). Como ven ya tenia todo fríamente calculado, pero al llegar al edificio de mi amiga oh!, no había ni un miserable sitio donde estacionar afuera. Pucha, cambio de planes, caballero me tengo que meter a su estacionamiento de visita, doblé a la derecha para entrar y por supuesto que calculé mal, me trepé al jardín y casi me llevo de encuentro un arbolito. Por suerte logré frenar a tiempo con el arbolito a dos milímetros del auto y se me apagó el motor. Roche total, y ahora que hago??, retro Ursula, retro, tienes que salir de acá, ok metí retro, y de ahí me acordé que el auto se me había apagado, lo prendí y claro, como ya le había metido retro el auto me dio un saltazo para atrás.

Ahora que me imagino la escena debe haber sido bien cómica la situación y lo peor es que el conserje del edificio me miraba con cara de “y esta bestia que está haciendo?”, pero nada de venir a ayudarme. Ahí ya me puse medio histérica, se me volvió a apagar el auto, no sabía como michi salir de ahí, hasta que otra amiga que también estaba invitada a la tragadera de helados y había llegado diez segundos antes que yo vino a mi auxilio. “Ya Ursula, retrocede, quiebra” y por fin logré salir del bendito jardín que quedó bien lindo con la marcaza de las llantas. Finalmente mi amiga que había estacionado fuera se metió en el estacionamiento de visita y me cedió su sitio, grande!!, si no, no la hacía.

Así que a pesar de todo llegamos sanos y salvos el auto y yo. Pero la verdad casi ni pude disfrutar los helados porque estuve todo el tiempo traumada pensando cómo iba a hacer para meter el auto en el estacionamiento de mi edificio al regreso. Encima no quería manejar de noche, realmente nunca había manejado de noche sola así que pensaba irme tipo 6 ó 6 y media antes de que oscurezca, pero justamente a esa hora el tráfico es insoportable y mi edificio queda en una calle con bastante tránsito así que me daba miedito el pensar cómo iba a hacer para estacionarme. Me tuve que quedar hasta las 8 de la noche y a esa hora me fui a mi casa. La manejada en la calle muy bien, llegué en dos segundos y en el momento en que llegué a mi casa se me vino encima toda la cobardía y opté por dejar el auto en el estacionamiento de visita de la parte de atrás donde es lo más fácil del mundo estacionarse, para qué complicarme.

Cuando llegó mi esposo le pedí que me acompañe a guardar el auto en el subterráneo, para que me guíe y así pueda ir aprendiendo. Subimos al carro, enciendo el motor, prendo las luces...

- Ursula así no se prenden las luces
- Cómo que no?
- Tienes que darle un click más a la perilla...

Ooooooops!!! Ahí recién caí en cuenta que el camino de regreso de la casa de mi amiga lo había manejado sin luces y yo ni enterada... Si seré burra... Bueno, finalmente logré guardar el auto en el subterráneo con alto grado de dificultad y así terminó mi aventura automovilística del día...

En fin, tampoco me pidan tanto para el primer día, al menos cumplí mi objetivo, saqué el auto y llegué sana y salva a pesar del pequeño papelón de la estacionada y la manejada sin luces.

Espero hacerlo mejor la próxima vez, pero bueno, es un inicio no?

miércoles, 14 de junio de 2006

Ursula Schumacher

Así me bautizó Schatz hace un tiempo debido a un post que escribió mi hermana donde me vendía como la caña monse de la blogósfera...

Y bueno, pues sí, lo admito soy super caña monse, en Lima di el examen de manejo tres veces y me jalaron las tres veces, horrible oye...

La historia se remonta 16 años atrás, cuando a mis 18 años recién cumplidos, mi papá tuvo la idea de enseñarme a manejar... Mala idea, creo que la mejor forma de pelearte con tu papá, enamorado, esposo, amigos, y etcéteras es pidiéndoles que te enseñen a manejar, noooooo, nunca lo hagan, sobre todo si el alumno es re taba y distraido como yo...

Luego de mi fracaso al tener a mi papá de instructor, empecé a tomar clases de manejo con otra profesora, y algo aprendí, pero luego con los estudios nunca tenía tiempo para dar el examen y encima sentía que me faltaba practicar y como no practiqué, el tiempo fue pasando y nunca di el examen...

Pocos años después me puse las pilas nuevamente y me metí al Touring, clases teóricas, prácticas, de mecánica, ya sentía que podía dar el examen y me mandé... Me fue pésimo... me estacioné super mal, creo que se me apagó el auto, ya ni me acuerdo bien la verdad pero la cosa es que salí del examen absolutamente segura de que me iban a jalar... Me puse a esperar que me dieran mi resultado y los minutos pasaban y no me entregaban mi nota, la gente que había llegado después que yo ya había salido y yo nada, me acerqué a preguntar al encargado y no me daba razón, yo pensaba que se les había perdido mi ficha o algo así cuando de una oficina al fondo sale un señor, llamándome por mi nombre y pidiéndome que entre con él a la oficina... Juattt???, raro, raro... me hicieron sentarme delante de un escritorio, y el señor me acusó de haberles pagado a los veedores para que me hagan pasar el examen, porque según ellos, yo les estaba haciendo señas mientras manejaba...

Doble Juaaaaaaaaaaaaaattttttttttttttttttt??????????.

Absolutamente nada que ver, yo estaba re histérica por la calumnia, tanto así que al final tuvieron que pedirme disculpas por la demora y la confusión y me dieron un pase para que vaya a dar mi examen al día siguiente sin hacer cola, porque claro, en este examen me habían jalado...

Me traumó tanto el incidente que decidí nunca más manejar ni dar el examen ni nada, no fui al día siguiente y se me pasaron los seis meses para volver a dar el examen y nunca regresé, prefería chapar mi combi a tener que pasar por eso nuevamente...

Hasta unos años después en que mi hermanita chiquitita bebita con 18 añitos recién cumplidos (yo tenía 26), aprendió a manejar con un profesor particular y sacó brevete al toque y como si nada. Ah no, el colmo, y yo por qué no pude??, encima ya mi hermana al tener brevete pudo quedarse con el carro que estaba destinado para mí. Decidí intentarlo una vez más y contraté al mismo profe que mi hermana. Bacán el viejito, aprendí a perderle el miedo al tránsito, a agarrarle por fin el truco al embrague y etc, digamos que ya manejaba bastante decentemente así que fui nuevamente a dar el examen...

Después de pasar nuevamente por el examen médico y teórico, ya estaba yo de lo más fresca en Conchán dispuesta a hacer mi circuito, cuidándome de no rascarme la nariz, acomodarme el pelo, o cualquier otra señal que pudiera ser malinterpretada por los veedores... Hice mi circuito perfecto, según yo, y salí feliz dispuesta a que me dijeran que estaba aprobadísima e irme a casa con la licencia en la mano.... pero no.

-Señorita, usted al salir del estacionamiento en paralelo, no miró para atrás.
-Pero señalicé y estaba mirando por los espejos...
-No, aparte de los espejos, usted debe sacar la cabeza y cerciorarse que no venga ningún vehículo...

De nuevo jalada por no sacar la cabezota... Me dio mucha cólera pero al haber sido ese mi único error decidí ir al día siguiente y esa vez sí sacar la cabeza... ja!, esa segunda vez (tercera en realidad) me dieron una ruta distinta a las dos veces anteriores y no me la había aprendido bien... Cuando entré al circuito bajé un ratito la cabeza para ver en el mapa donde era que tenía que voltear y en eso escucho:

Señorita, se pasó la luz roja!!!!!!!!!!!!!!!

Pucha, por distraída ni vi el semáforo, me pasé la luz roja y obviamente ya estaba re jalada, seguí haciendo mi ruta totalmente desmoralizada, me equivoqué de ruta, se me apagó el auto, pisé la piedra en el estacionamiento diagonal, solo faltó chocar realmente... salí llorando a recibir mi resultado: jalada...

Desde ese momento decidí ser peatona el resto de mi vida... no fui a dar un tercer examen porque ya ni me interesaba, me convencí a mí misma que yo era un peligro al volante y que le hacía un favor a los conductores de Lima al no sacar licencia porque de hecho me iban a odiar si se cruzaban conmigo en las pistas... Total, existen las combis, micros y taxis y más adelante podría contratar un chofer, como mi nonnita, que nunca aprendió a manejar tampoco, lo que se hereda, no se hurta...

De ahí en adelante, manejé muy pocas veces en rutas cortas y en autos de amigos quienes me animaban a que lo intentara de nuevo, pero yo no gracias, así estoy bien... alguna vez se me ocurrió manejar yo sola pero noté que la gente me empezaba a insultar cuando según yo no había hecho nada malo, así que decidí estacionar los autos definitivamente y me volví caserita de las combis...

Cuando llegué a Chile, seguía feliz como peatona, tenía la facilidad del metro, tenía una bicicleta en la que podía movilizarme, para qué mas... Hasta que mi esposo empezó a trabajar en el centro y prefería dejar el auto en la casa e irse en metro, así que yo tenía todo el día el auto en la cochera a mi disposición, pero por no tener licencia ni lo usaba...

Así que nuevamente decidí intentarlo, junto con otras dos amigas que estaban en situación similar a la mía, nos inscribimos hace dos semanas en el Automóvil Club de Chile, (el Touring chileno) , tuvimos varias horas de teoría y de práctica y allí pude descubrir que manejar en Santiago es mil millones de veces más fácil que manejar en Lima, el tránsito es mucho más ordenado y no existen las combis sobre todo...

Ya me sentía suficientemente canchera así que hoy fui a dar mi examen y adivinen?? Aprobéeeeeeeeeeeeee!!!!!!!!!!!! Por fiiiiiiiiiiiiiiiiin!! Lo logré después de 16 años de intentarlo!!!!!

Obviamente que el examen de manejo acá es mucho más fácil que ese estúpido circuito de Conchán, acá te hacen dar una vuelta a la manzana, estacionarte en paralelo y ya estás, en un par de horas pasé examen psicotécnico, médico, teórico y práctico y salí con mi licencia en la mano... hasta ahora la miro y no lo puedo creer, yo que había jurado ser peatona el resto de mi vida...

Bueno, de ahora en adelante seré Ursula al volante, que se agarre Santiago, que miedo!!!!