Estoy triste, deprimida y preocupada... Mi mamá regresó a Lima el martes en la noche, fueron dos semanas inolvidables, quería postear sobre eso pero me da mucha penita así que preferí no hacerlo... por otro lado hace unos días el médico me dijo que quería hablar conmigo sobre unos análisis que me hice hace poco y eso no me huele nada bien... por lo general si los análisis están bien te llaman para recoger tu resultado y punto, pero esta vez el médico quiere hablar sobre el resultado... voy a ir por la tarde y eso me tiene muy nerviosa y preocupada...
Para matar el rato les contaré una de mis historias de la niñez, la cual he recordado últimamente cuando estuvo mi mami por acá, es una historia un poco extraña, y hasta me parece medio terrorífica a veces, a ver ustedes que piensan...
Corría el año 1975 ó 76, yo tenía 3 ó 4 años cuando a mi tía, que en ese entonces tenía 11 ó 12 años y ya estaba entrando a la adolescencia, se le ocurrió tirar a la basura sus muñecas viejas... Obviamente, yo niñita, viendo muñecas, me acerqué para ver si había alguna muñeca que me gustara y pudiera recuperar, y en eso encontré a Mambrú, y empezó el amor...
Mambrú era una de esas típicas muñecas lindas, rubias, pelo largo, ojos azules y vestido de princesa, sólo que después de varios años bajo el cuidado de mi tía, la muñeca tenía el pelo corto y trinchudo (seguro a mi tía se le ocurrió jugar a la peluquería con ella), tenía un ojo hundido, le faltaba una extremidad, en verdad no me acuerdo si era un brazo o una pierna, tenía todo el cuerpo garabateado con plumón, y de su linda ropa no quedaba nada, la pobre estaba totalmente calata ...
Cuando la vi, mi cerebro de niña no pensó que ésta había sido una linda muñeca, yo vi en ella un soldado, un veterano de la guerra, el ojo y la extremidad los perdió en el frente y los garabatos en su cuerpo eran tatuajes que contaban sus infortunios en los campos de batalla, automáticamente lo bauticé como Mambrú, por la canción de “Mambrú se fue a la guerra, qué dolor qué dolor, que pena...” Según mi mamá, yo le decía “Mambrús”, con “s”, pero la verdad es que yo me lo acuerdo como Mambrú, igual que la canción... Este muñeco se convirtió en mi adoración y mi juguete favorito, a todos lados cargaba con Mambrú, lo sacaba a pasear, conversaba con él y él me contaba sus miles de historias de guerra (de verdad, él me hablaba)...
Un día en el nido las profes pidieron a los niñitos que todos lleváramos nuestros muñecos favoritos, y obviamente yo llevé a Mambrú, a pesar de que mi mami quiso convencerme que mejor llevara el Chicho Bello hermoso que me acababan de regalar mis nonnitos, nada, me llegaba altamente que el Chicho Bello fuera el juguete de moda y la última tecnología en muñecos (le sacabas el chupón y lloraba, ooooooooooooh), yo estaba feliz con mi Mambrú. Si en el nido los niñitos me miraron como la niña pobre, la verdad ni me acuerdo ni me importó, lo que sí me acuerdo es que al final tuve a varios niños fascinados alrededor mío y de Mambrú cuando les conté que éste había estado en la guerra... por supuesto que a mí se me mezclaba totalmente la segunda guerra mundial, la guerra del Pacífico y la guerra de Vietnam, Mambrú estuvo en la guerra y punto, luchó contra los malos y ganó pero a cambio perdió a su familia, un ojo y una pierna (o brazo)...
En ese entonces mi mamá estudiaba arquitectura en la universidad, y muchas veces tenía que amanecerse para entregar sus planos, llegaba a la casa después de una amanecida y de clases a las 2 de la tarde, dormía hasta las 8 de la noche, y tenía un horario bastante trastocado... Yo como niña buena y respetuosa, si la veía descansando no hacía bulla y jamás se me ocurría despertarla... hasta que un extraño día llegó...
-Mami despiértate, Mambrú se ha puesto mal...
-Eeeh, que pasó???
-Mambrú está tosiendo mucho y tiene fiebre...
-Mételo a su cama, abrígalo y ya se le va a pasar... ( mi mami siempre me siguió la corriente)
Al día siguiente cuando mi mamá llegó de la universidad, me encontró con cara de circunstancia, así que me preguntó como seguía Mambrú....
-Mal, tosió toda la noche y ya no se pudo hacer nada, se murió....
-....Qué cosa??
-Sí, se murió, está en mi cuarto, lo estoy velando...
Mi mamá entró un poco asustada a mi cuarto y encontró a Mambrú sobre mi alfombra de Pebbles, metido en una caja de zapatos, y alrededor de él, estaban todos mis demás muñecos mirándolo, velándolo... Yo imagino, y mi mamá también que la escena del velorio la debo haber sacado de la tele, porque yo a ese edad jamás había ido a ningún velorio no tenía como saber cómo era la etiqueta de la muerte.... Después del velorio fue el entierro, me fui al jardín con mi Rasca Playa, hice un hoyo bastante pequeño así que la caja de zapatos donde estaba Mambrú sobresalía de la tierra, le eché flores encima, e hice rezar una oración de despedida a mi mami y a la empleada....
Maté a Mambrú, a mi muñeco favorito... hasta ahora no entiendo por qué... El “ataúd” de Mambrú estuvo en el jardín durante varios meses, soportando sol y lluvias, pero nadie se atrevía a sacarlo de ahí, a pesar de que el montículo de tierra con las flores se veía bastante terrorífico...
Meses después de la muerte de Mambrú, mi mami llega a la casa y me encuentra feliz cargando a Mambrú, obviamente el pobre muñeco estaba en peor estado que antes después de pasarse tanto tiempo metido en una caja a la intemperie... Mi mamá pensó, que como niña que era, ya me había olvidado de su muerte y decidí desenterrarlo para jugar con él, y me dijo:
-Que bien!, Mambrú resucitó!!!
-Desde cuando los muertos resucitan???... lo estoy paseando muerto....
No se ustedes, pero eso a mi me suena a historia de terror... finalmente no se que pasó con Mambrú, no lo volví a matar porque nadie muere dos veces, pero me parece que en algún momento me aburrí de él, debe haber sido cuando me regalaron la Barbie... Mambrú cayó en el olvido poco tiempo después y debe haber terminado en algún tacho de basura, me gustaría pensar que algún niñito lo recogió e inventó otra historia sobre él, pero no creo, era tan feo el pobre que dudo que haya entusiasmado a algún otro niño, sólo a mí...
Esa fue mi historia extraña de la niñez, otro día les contaré sobre Lórico, mi otra personalidad, que era un niñito que vivía en la cocina...