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miércoles, 10 de diciembre de 2008

Memorias concierteras

Advertencia: Post extremada y grotescamente largo. Quise partirlo en dos pero ya fue, así que si no terminas de leer no me molesto, pero si es que lo lees todo y dejas un comentario, realmente eres un valiente. O te gusta mucho el tema.

Hace un poco más de un mes, tuve la oportunidad de ver a una de mis bandas musicales favoritas de todos los tiempos: R.E.M. Mientras saltaba como loca al compás de “What`s the frequency Kenneth?”, me estremecía con “Everybody hurts” o experimentaba un flashback total al pasado con “Losing my religion”, me di cuenta que después de haber visto a R.E.M. ya se había cerrado el ciclo de los grupos musicales que quería ver aunque sea una vez en mi vida. Después de ese concierto supe que cualquier otro concierto al que asista será bienvenido pero la ilusión de ver a mis grupos favoritos ya la viví.

A no ser, claro, que John Lennon y George Harrison resuciten y los Beatles se vuelvan a juntar, pero eso está bien difícil.

Entonces empecé a recordar los conciertos a los que he asistido en mi vida y realmente ha habido de todo: grupos muy buenos, grupos muy malos, conciertos grandes y espectaculares, y conciertos pequeños con 4 gatos de asistentes.

Voy a intentar hacer una recopilación por acá:

Hurgando en mi memoria, creo que el primer concierto al que asistí fue al del grupo puertorriqueño Menudo, que debe haber sido en el año 81-82. Yo era una dulce niña todavía y la emoción por ver a mis súper ídolos era algo que me sobrepasaba. Fui con unas amigas del colegio y con el papá (mártir) de una de ellas al Estadio Nacional. Bien lindo el papá nos compró vinchas y posters de Menudo para todas las chibolas y cuando salieron los cinco creo que me quedé sin voz de tanto gritar. Aparte ese era un concierto especial porque se iba René y entraba Charlie (como me acuerdo de los detashes caracho) y la gente se volvió loca y se empezó a saltar la reja para meterse a la cancha y subirse al escenario. Tuvieron que suspender durante una hora el concierto hasta que la gente se ordene. Ese fue mi primer concierto, accidentado pero inolvidable. Como 15 años después estos niños decidieron reunirse, se bautizaron como “Reencuentro” y fueron a dar una gira por Perú. A mí francamente ya me daba vergüenza ajena verlos, me gustaban cuando eran chiquitos y yo también lo era, pero tremendos manganzonazos haciendo sus pasitos me parecía ridículo. Por supuesto que no fui al concierto que dieron, pero como ellos se presentaron en el canal donde trabajaba, en honor a mis recuerdos de niña me tomé una foto con René. La foto nunca la vi, porque me la tomó una amiga y jamás me la pasó.

Regresando a mi niñez, con las mismas amigas que vi a Menudo fui también a ver a un grupo llamado Los Chamos ¿¿¿??? La verdad ya ni me acuerdo qué cantaban, creo que eran venezolanos, una especie de Menudo pero con menos éxito. A los que no fui a ver nunca fue a los españolitos Parchís, y si no me equivoco, sí se presentaron en Perú. Yo los amaba, no recuerdo por qué no fui al concierto. Mami, tú te acuerdas???

Unos años después, exactamente en el año 85, cuando la telenovela Carmín rompía records de sintonía en Lima, mi madrina, dueña de una sombrerería, puso un stand en la Feria del Hogar donde vendía las boinas y sombreritos que usaban las chicas de la novela y que se pusieron full moda en Lima en esa época. Yo me pasé todas las vacaciones de medio año metida en la feria en el stand de mi madrina y asistí a los cinco conciertos, con ensayo y todo que dio Charly García. Inolvidables, sobre todos los ensayos que se hacían antes que abrieran la feria al público y sólo estaban presentes las personas que vendían en los stands. Todos los ensayos los vi en primera fila acompañada de mi tío que debía tener veintitantos años en esa época. Y en la noche ya venía el concierto firme con full gente. Más de 10 años después volví a ir a la Feria a ver a Charly García, pero más fue lo que me deprimió verlo en tal estado borrachoso, fumarola y sabe Dios qué más. Hasta las letras de las canciones se olvidaba. Buh. Me quedo con el recuerdo de los conciertos del 85.

Unos años después, cuando tenía 14 ó 15 años, fui a ver al grupo que en ese entonces me quitaba el sueño: Hombres G. Bueno, realmente quien me quitaba el sueño, a mí y a la mitad de la promoción de mi colegio era el vocalista David Summers, todo ezpañolito él. Lo que hasta ahora no entiendo es por qué compré entradas para verlos en el Estadio Nacional cuando tooodas mis amigas habían comprado entradas para verlos en el colegio San Agustín. En conclusión, no tenía a nadie con quien ir al concierto en el Nacional, así que muy superada yo fui con mi mamá. Si yo tenía 15 años en ese entonces mi mami debía tener unos 34, dos años menos de los que tengo yo ahora, o sea chibolaza mi mami (je). Creo que ella recordará mejor que yo la colaza que tuvimos que hacer en el Estadio Nacional, y como a ella también le gustaban los Hombres G, también se divirtió, supongo. Varios años después, ya en mis veintitantos, pude conocer face to face a David Summers y pedirle el autógrafo con el que soñaba cuando era quinceañera, nuevamente fue en el canal de TV donde trabajaba.

Y bueno, en la época que trabajé en ese canal, vi desfilar a Chichi Peralta cuando estaba en su máximo furor, a Salsa Kids y otros grupitos de ese estilo, a El Tri, donde Alex Lora se cantó la triste canción de amor unplugged y nos agarró de coro a mí y a otras dos chicas del canal que andábamos curioseando por el set. Roche total, Alex Lora cantaba “A esta triiste…” y nosotras tres todas chunchas respondíamos: “…canción de amoooor”. Horrible, ya ni sé para qué cuento esas anécdotas vergonzosas.

Por el canal también pasó uno de mis grupos preferidos de todos los tiempos: Los Violadores, de Argentina. La gente en el canal casi ni se acordaba de ellos “Ahhh esa canción ochentera ultraviolento no??” La única emocionada en el canal con su presencia era yo, hasta me tomé una foto mostra con ellos que la pondría por acá pero mi scanner no funciona. Tanto los celebré y les hice la patería que me regalaron entradas para el concierto que dieron en el Champagnat.

También por trabajar en el canal me regalaron entradas para ver a Los Prisioneros de Chile, me acuerdo que fue en la Costa Verde, no me acuerdo el nombre del sitio.

Pero bueno, ya el orden cronológico con el que pensaba escribir este post se fue al diablo, voy a decir los conciertos que me acuerdo. En la Feria del Hogar, aparte de Charly que ya les conté recuerdo haber ido a ver a Cyclope, un grupo francés que creo que sólo tuvo una canción conocida, a la Orquesta Mondragón, intenté ver a los Fabulosos Cadillacs pero llegué tarde y ya no me dejaron entrar al Gran estelar y creo que el último concierto que fui en la Feria fue al de Mikel Erentxun, en el año 2000 si la memoria no me falla.

Y hablando de sólo escuchar los conciertos, recuerdo a mi papá y a mí en la azotea de mi casa escuchando a Toto que se presentaba en la Universidad de Lima (mi casa queda a dos cuadras) y por esa misma época también recuerdo estar con unas amigas de la universidad escondidas en el techo de la facultad de estudios generales de la U de Lima, tratando de escuchar el concierto de Juan Luis Guerra que se presentaba en el Jockey, hasta bailábamos y todo, cuando el viento se dignaba hacer llegar algún acorde a nuestros oídos. Hasta que un guachimán nos descubrió y nos botó con roche porque ya eran casi las doce de la noche y la universidad había cerrado hace rato.

Hablando de conciertos cerca de mi casa, cuando Wong inauguró la tienda que está a una cuadra de mi casa trajo a Alejandra Guzmán. Fue el concierto más triste al que he ido en mi vida creo, ya la época de oro de la Guzmán había pasado y creo que estaba borracha en ese concierto porque ni se entendía lo que cantaba. Tanto así que el único que gritó “Otra, otra!!” cuando supuestamente terminó de cantar fue el animador del concierto.

En el colegio Roosevelt que queda cerca a mi casa (o sea la casa de mis papás) se presentó Roxette. A mí me encantaba Roxette, tenía todos sus CDs, y aunque su música era pegajosaza y súper comercialona durante mucho tiempo fue uno de mis grupos favoritos, y hasta ahora me sigue gustando. Recuerdo haber estado tomando una ducha en la tarde antes del concierto mientras escuchaba el ensayo de Roxette, ya que el sonido llegaba hasta mi casa. Experiencia surrealista, bañarme escuchando “Spending my tiiiime” en vivo por los mismísimos Roxette.

En ese mismo local se presentó la española Cristina y sus amigos Los Subterráneos, lo que más recuerdo de ese concierto fue el penetrante olor a hierba que me tuvo mareada todo el concierto.

En la categoría de conciertos bizarros podríamos empezar por el de Ricardo Montaner. Un amigo recuuuntra fanático de él se le ocurrió invitarme al concierto. Yo muy educada jamás le dije que a mí Montaner no me hacía ni cosquillas y que francamente para mí un panorama más divertido en vez del concierto sería quedarme en la casa ordenando mi cuarto, así que fui. Carpa del Crillón, segunda fila, miles de personas de la farándula por doquier, empieza el concierto, sale Montaner y sus músicos. Hora y media después ya me ven parada encima de la silla bailando y cantando “Vamo` negro pa` la conga!!” Digamos que pese a todos los pronósticos me divertí.

También el concierto gorreado de Rafael en el Club Regatas. No teníamos entradas pero a mis papás se les ocurrió que justo esa noche estaba bonita como para ir a pasear al Regatas. Así que fuimos los cinco. Como nosotros también varias familias estaban gorreando concierto sentados en la playa. Hasta que en las últimas tres canciones abrieron la zona donde estaban las sillas y el escenario y obvio, ni tontos nos metimos los colones. Terminamos en primera fila cantando “Escándalo, es un escándalo”.

No sé si recuerdan un grupucho llamado “Muñecos de papel” donde cantaba el ahora famosísimo Ricky Martin?? No lo recuerdan??? Qué importa, no se perdieron de nada, era música para niñas de 11 años. Y bueno, en ese entonces mi hermana tenía once años y quería ir al concierto. Y como mi mamá ya se había sacrificado acompañándola al de Pablito Ruiz, ahora le tocaba a la hermana mayor, así que fui al pinche concierto acompañando a mi hermana de once y a mi prima de doce. Fue una tortura, sobre todo por perseguir a las chibolas afanosazas que terminaron en primera fila y yo detrás de ellas cual guardaespaldas toda apachurrada. Bueno, al menos me gané viendo mover el poto a Ricky Martin.

Otro concierto al que tuve que ir por mi hermana pero que sí acabé divirtiéndome fue el de Locomía. Recuerdan a los españoles de los abanicos? Tampoco? Qué importa. Este fue más tranqui porque fue en el Regatas y todos sentaditos en sillitas. Bueno al final todo el mundo se fabricó su abanico de donde sea y terminaron bailando encima de las sillas. Incluyéndome.

También fui al concierto de Maná en el Carmelitas, recuerdo que la entrada fue caótica y por un momento temí morir aplastada por la multitud. Y traumada también porque vi a mi hermana (quien ya estaba más grande y había ido al concierto por su cuenta con sus amigas) ser levantada por Dios sabe quién y lanzada al otro lado de la reja de entrada. No estuve tranquila hasta que pude encontrarme con mi hermana y ver que estaba sana y salva.

El concierto de despedida de Soda Stereo en la Universidad de Lima también fue muy bueno. Gracias totales. Sin embargo su celebrado retorno el año pasado no me llamó la atención para nada. No fui y sin remordimiento, me quedo con el recuerdo del año 97-98.

Sobre los nacionales, me acuerdo que en el 89 por ahí una amiga y yo fuimos a un pubcito chiquito en San Isidro que no recuerdo el nombre a ver a un grupo que nos habían dateado que tenía canciones que eran un mate de risa. Se llamaban Nosequién y los Nosécuantos, ahora archiconocidos en Perú. No paré de reírme todo el concierto, sentada en la mesa adelantito de Raúl Romero, luego los vi un par de veces más en la Semana universitaria de la de Lima hasta que ya sus canciones se masificaron tanto que ya no me llamaban para nada la atención.

En el año 92-93 también asistí a ver a un nuevo grupo del cual sólo había escuchado una canción en un video musical: Mar de Copas. Y ese fue el comienzo de mi larga trayectoria Mardecopera que duró toda la década del 90. Ya perdí la cuenta de cuantas veces los habré ido a ver, 30, 40, 50??? No sé, pero fueron muchísimas, y en todos lados, desde el Bizarro en Miraflores, el Sargento Pimienta de Barranco, y la New Helden del centro de Lima. Es uno de mis grupos favoritos y hasta ahora a veces pongo sus cds en el carro y manejo cantando a todo pulmón. A Los Trece Baladas, el grupo que formaron los Mardecopas Manolo Barrios y Toto Leverone, reciclando baladas de antaño, también los vi un par de veces. El último concierto de MDC al que fui debe haber sido en el 2001 ó 2002. Me encantaría verlos nuevamente si es que se siguen presentando.

Entre otros conciertos en Lima está el de Ataque 77, concierto frustrado porque por culpa de la Municipalidad de Miraflores, cerraron el colegio donde se presentaban a las 12 de la noche cuando sólo habían tocado unas pocas canciones. Años después los volvería a ver acá en Santiago.

Siniestro Total, clásico grupo español, se presentó en el Sargento Pimienta, no sé a qué genio se le ocurrió presentarlos en un lugar tan chico, y en pleno verano, lo que más recuerdo es el calor y el apachurramiento.

Los argentinos 2 minutos también se presentaron en Lima, teloneados por los nacionales Leuzemia. Creo que más me gustó Leuzemia que los 2 minutos, o al menos prefiero escucharlos en sus discos en estudio porque en vivo son más bulla que música.

Entre otros grupos nacionales están Los Mojarras, Metadona, We all Together, la Liga del Sueño y otros que ya ni recuerdo el nombre.

Y en cuanto a música más tranquila en el 2002 fui a un concierto muy bonito en el jockey donde cantaban Mercedes Sosa, Víctor Heredia y Pablo Milanés. Me encantó, fue mágico.

Y siguiendo con los trovadores, acá en Santiago he visto dos veces a Silvio Rodríguez, genio de genios. Sus dos conciertos inolvidables.

Siguiendo con los conciertos en Santiago, en el 2004 pude ver a uno de mis cantantes favoritos: Morrissey, ex vocalista de The Smiths. Concierto inolvidable a pesar del frío de miércoles que hacía. Morrissey es de esos artistas a los que volvería a ver mil veces.

Y en el 2006 el concierto más espectacular al que he asistido en mi vida: U2. Realmente increíble el concierto, U2 es un archimega grupo y pucha, haberlos visto en vivo realmente lo considero un privilegio.

También estuvo por acá Dolores O´Riordan, la vocalista de Cranberries en un simpático concierto donde cantó sus éxitos noventeros. Y hace un año se presentó The Police lo que supuso una regresión total a mi adolescencia.

Y así llegamos al último concierto al que he asistido, el de R.E.M. Increíble ver a Michael Stipe bailando y cantando canciones tan increíblemente buenas. Jamás pensé que R.E.M. vendría a Sudamérica y me alegra mucho que hayan estado por acá y que hayan ido a Perú también.

Y bueno, hoy se presenta Madonna por acá, pero no voy a ir, buh. No es que sea una big fan pero Madonna es Madonna pues, la reina del pop y sospecho que su concierto va a ser increíble, pero bueno, crisis económica, entradas nada baratas y lo principal: no consigo una nana de confianza con quien dejar a Ivana, así que ni modo. Otro concierto que me pierdo, pero no me quejo, como ya dije, he visto a U2, he visto a Morrissey, R.E.M. y tantos otros grupos que me encantan que me siento bastante satisfecha.

Creo que no he olvidado ningún concierto, y si lo olvidé supongo que es porque merecía ser olvidado. No sé cuál será el próximo concierto al que vaya, ni cuándo. Pero de vez en cuando es bueno unirse a otras voces, cantando a voz en cuello y saltando con la emoción a flor de piel. Esa es la magia de los conciertos.

Actualización: Puse que si me olvidaba un concierto era porque merecía ser olvidado pero me equivoqué. No entiendo cómo pude olvidar el concierto de Héroes del silencio que es otro de mis grupos favoritos. Shame on me!!! Fue en Lima en el 97-98 por ahí. Bueno, sí recuerdo algún otro concierto que se me pasó voy actualizando por acá.

jueves, 7 de febrero de 2008

Memorias desde la ribera del Mapocho

Asu, qué poético me salió el título... (huachafaaaaaaaaaaaaaa)

Ok, he sido cordialmente invitada por Petisita, a responder una especie de meme. Más que meme realmente es un post colectivo donde los peruanos que vivimos fuera de nuestro país contemos nuestra experiencia.

Este tema ya lo he tocado varias veces. Para mas información, leer este post, este también, y este último si quieren, para que puedan entender mejor lo que voy a contar en este post. Pienso que el destierro es un tema tan amplio y complejo que siempre hay algo que decir, así que intentaré contar algo que no haya dicho antes.

Si hace 10 años me hubiera imaginado mi vida futura, jamás se me hubiera pasado por la mente que iba a vivir fuera de mi país. Es más, de todas las brujas, videntes y demases que se me dio por consultar en una época, ninguna vaticinó esto en mi futuro. Me describieron perfecto al hombre con el que me iba a casar (y le achuntaron, aún antes de conocerlo), pero ninguna me dijo jamás que iba a terminar viviendo en Chile, ni en ningún otro país que no fuera el Perú.

Entonces, resumiendo, nunca estuvo en mis planes salir de mi país. Si salí, como les conté fue por el trabajo que le ofrecieron a mi esposo. En ese momento quizá no dimensioné todo lo que implicaba dejar tu patria y empezar una nueva vida en un país extraño. Simplemente lo vi como una buena oportunidad profesional para él y como una nueva experiencia para nosotros, pero me vine pensando que nuestra estadía acá iba a ser temporal y que después de unos pocos años regresaríamos al Perú.

Mi esposo hizo el switch como al año de vivir acá. Yo, como llegué después, todavía no cumplía el año acá y de un momento a otro lo escuché hablando de “qué lindo es vivir en una ciudad tan tranquila porque cuando nuestro futuro hijo tenga 15 años y vaya a fiestas no vamos a estar preocupándonos que lo secuestren…” y cosas así por el estilo. Yo dentro de mí solamente pensaba, Juaaaaaaaaaaaaaaattttttt, 15 años??, are you crazy?? Para mí era imposible aún proyectarme en un futuro viviendo aquí y fue ahí donde empezaron mis grandes problemas.

Aparte justo coincidió que me quedé sin el trabajo que tenía y de un momento a otro me hallé completamente sola en todo sentido. No tenía a nadie a quien voltearle la cara, la única familia que tenía acá era mi esposo y en ese momento estábamos pasando por una situación muy complicada ya que ambos teníamos perspectivas de vida totalmente distintas y emocionalmente nos estábamos distanciando a kilómetros por segundo. Nos distanciamos tanto que me quedé totalmente sola. Sin familia, sin trabajo, sola en un departamento vacío e inmersa en una profunda depresión de la que me costó mucho salir.

Pucha qué deprimente me está saliendo este post, también que empecé contándoles la peor parte, pero es que me pareció necesario contar eso porque quiero dejar bien en claro que para mí no fue nada fácil la adaptación.

Los primeros meses que viví en Santiago, aún me sentía turista. Creo que recién asumí que estaba viviendo acá una vez que pasó mi matrimonio, navidad, año nuevo, etc., y caí en cuenta que ya no tenía una fecha cercana de retorno a Lima, ni siquiera de visita. Y asumir eso fue complicado.

Las primeras amigas que tuve acá fueron compañeras de trabajo de mi esposo. Una de ellas, peruana, me había escrito un mail unos meses antes, cuando mi esposo recién llegó, contándome que él estaba bien, y ofreciéndome su amistad. Ella tampoco conocía a peruanas acá y estaba feliz porque pronto iría yo y seríamos amigas. Linda ella, ni bien llegué me acogió, me presentó a su mejor amiga, una chica colombiana de la misma oficina de mi esposo, y todas las semanas quedábamos para ir a tomar un cafecito o algún plan entretenido. Ellas fueron las que me organizaron mi “despedida de soltera” un día antes que viaje a Lima a casarme, una roca lo de la despedida de soltera porque yo ya estaba casada por civil, pero bueno, fue divertida.

También tenía otra buena amiga, mi vecina argentina. Una loca ella, estaba definitivamente mal del cerebro pero no se puede negar que fue muy buena amiga. Yo la quería mucho, salvo cuando se peleaba con el novio colombiano y me tocaba el timbre llorando a las 12 de la noche. A los pocos meses, terminó definitivamente con el colombiano y se regresó a Buenos Aires. Ella fue la que regresó de visita el año pasado, y me dijo que yo había cambiado mucho, según lo que conté en este post.

Si se dan cuenta, hasta el momento mis amigas eran: una peruana, una colombiana, una argentina. A los pocos meses empezaría a llenarme de amigas peruanas. Todo comenzó cuando mi esposo se encontró con un amigo de su promoción del colegio que vivía en Santiago desde hacía años. Me presentó a su esposa, peruana también y congeniamos al toque y hasta ahora somos amiguísimas. Luego otro amigo nos presentó a otro de sus amigos y yo me hice amiga de su esposa, y así fue creciendo el círculo, mi esposo conocía gente o se rencontraba con gente y yo al toque me apuntaba con las esposas, todas peruanas. Así conocí a mis mejores amigas acá hasta el día de hoy, hace tiempo escribí un post sobre ellas, por si quieren conocerlas.

Conocer a este grupo de peruanos nos ayudó muchísimo. Como más o menos todos estábamos en la misma situación, recién casados, de la misma edad, con hijos chicos, la familia en Lima, etc., nos unimos bastante y ahora somos un grupo súper bacán, ya casi una especie de familia, mismo hermanos nos ayudamos siempre y a mis sobrinitos postizos los adoro cual si fueran mis propios hijos.

Curiosamente nunca hice amistad con ninguna chilena. No sé si fue falta de oportunidad o qué se yo, pero lo cierto es que la única amiga chilena que tuve fue una chica que andaba pololeando con un amigo peruano. Pero ni bien mi amigo terminó con ella, nunca más supe de la chica, cortó contacto con todo el grupo, bueno... no la culpo. Después de ella creo que no he tenido oportunidad de conocer a ninguna chilena con la que pueda llevar una amistad. Recientemente con esto de mis clases de yoga he conocido a un grupo de mujeres muy interesantes y encantadoras, chilenas todas, y con ellas me estoy sintiendo muy bien y aunque todavía no creo poder llamarlas amigas, estoy segura que poco a poco sí podré hacerlo. Tiempo al tiempo. Por lo pronto, creo que la única amiga chilena que tengo es mi amiga Claudia, quien curiosamente no vive en Chile y sólo la conozco por messenger. Ironías de la vida.

Ok, cerremos el tema amigos. En algún momento alguien me preguntó cómo era el tema de la comida. Realmente para mí no ha sido mayor drama. Es bien sabido que los peruanos nos caracterizamos por comer la comida bien condimentada y eso nos encanta. El chileno es todo lo contrario, no es de mucho aderezo y todo tiene un sabor suave, o sea, recontra insípido para el paladar peruano acostumbrado a sabores más fuertes. Decía que para mí no ha sido mayor drama porque yo cocino en mi casa, y preparo lo que toda la vida he comido. Mi estofado, mi lomo saltado, mi arroz tapado, mi ají de gallina. Los ingredientes se encuentran acá. Si uno se va a La Vega que es el mercado mayorista hay muchos puestos peruanos, y es más últimamente ya hasta en los supermercados encuentras productos peruanos, así que no es ningún problema preparar tu cebiche por acá. De la comida chilena lo que me parece buenazo es el pastel de choclo y un par de veces lo he preparado.

Finalmente, para ya terminar este post tan largo y disperso. Cómo afronto el hecho de ser peruana y vivir en Chile??? Pues con muchísimo orgullo. Perú y Chile son dos países que tienen su historia, que todo el mundo la conoce. Pero después de casi 4 años y medio viviendo acá puedo afirmar que la rivalidad entre Chile y Perú en realidad casi ni existe. Si existe es a un nivel cultural-socioeconómico bien bajo. Ahí sí se agarran de las mechas porque los chilenos le reclaman a los peruanos ilegales por quitarles sus puestos de trabajo. Y los peruanos, no sé, creo que todavía nos queda un resentimiento absurdo por una guerra que sucedió hace más de un siglo. En fin… A un nivel S.E. medio para alto no ves nada de estas cosas. A mí siempre me han tratado súper bien. Mi esposo tiene muchos amigos chilenos que son buenísimas personas. Pucha, es gente normal como cualquier peruano o argentino o colombiano.

Claro que nunca falta el desubicado (por lo general taxistas, peluqueras y vendedoras en tiendas) que al saber que eres peruana te mira como bicho raro y te dice. “Aaaaaaaay pero no pareces peruana!!”. Entonces ahí al toque se me sale lo antipática y les digo: “Por supuesto que parezco peruana, por qué dices que no??” Entonces el interlocutor por lo general se me pone un poco rojo, balbucea y dice algo así como: “No sé, ete, los peruanos son más morenitos, eeeeeh, así como los que están en la plaza de Armas, eeeh, tú eres más blanquita, eeeeeeh”. Como ya para ese momento la sangre me empieza a hervir (me lo han dicho mil veces y hasta ahora me llega cuando me preguntan eso), les digo. “Entonces se nota que no conoces Perú porque si no sabrías que si bien la raza autóctona peruana es la inca, hubo mucha inmigración europea, africana y asiática, lo cual dio origen a toda una mezcla de razas. En el Perú encuentras rubios, orientales, mestizos, mulatos, creo que toda la gama racial está en Perú, así que no me digas que no parezco peruana porque así como yo, hay miles en Perú”. Santo remedio, se quedan callados, Claro dependiendo de cómo me lo pregunten va mi respuesta también, si con tono amable o con tono firme, pero lo cierto es que hasta ahora me sigue molestando mucho que me digan que no parezco peruana. Por favor, si yo soy más peruana que la papa a la huancaína.

Ahora sí, para terminar. Una vez escuché o leí no recuerdo bien, a un peruano que vivía muchísimos años en Chile. Esta persona afirmó que Perú era su patria pero Chile era su país. Yo todavía no llego a eso. Mi país es Perú y mi patria también, no Chile. Mi ciudad es Lima, no Santiago. Vivo acá pero creo que nunca podría referirme a este país y a esta ciudad como míos. De repente de acá a muchos años lo sienta así pero todavía no.

Amo a este país?? No lo sé, no creo que sea amor. Pero sí le tengo muchísimo cariño. Cómo no tenerle cariño a un país donde, si bien he sufrido mucho, también he tenido momentos felices?. Cómo no querer al país donde empecé mi vida de casada, el único país donde he vivido junto con mi esposo??. Cómo no querer al país donde nacerán nuestros futuros hijos?? Cómo no querer el hermoso paisaje de la cordillera después de la lluvia y las hojas de colores en el otoño? Quizás nunca dejaré de sentirme extranjera en este país, pero el ser humano es un animal de costumbres y ya me acostumbré a estar acá. Quizá este país no me dio todas las oportunidades que esperaba, pero sí se las dio a mi esposo y eso ya es bastante. Estamos instalados acá, tenemos una casa propia, vivimos cómodamente. Que si en Perú hubiéramos tenido las mismas oportunidades?? Eso es algo que jamás lo sabremos, de repente sí o de repente no, simplemente las cosas se dieron así y el destino quiso que este fuera el país donde construyéramos juntos un futuro. Y quizás sea muy pronto aún para decirlo pero no pierdo la esperanza de algún día afirmar que a pesar de todo fui feliz en este país.

Estoy haciendo todo lo posible para serlo.

martes, 30 de octubre de 2007

El cambio de país - Segunda parte

A pedido de las multitudes (fuiiiira), acá va la continuación del post anterior. Lo iba a partir en tres partes pero como muchos me han dicho que el post anterior no les pareció largo lo dejé en dos nomás. Advierto entonces que este post SI es kilométrico, ojalá no se me aburran.

Sigamos con la historia entonces:

El último mes y medio que viví en Lima fue demasiado acelerado. Ni bien llegué de Chile con la novedad que había conseguido trabajo y que me iba a vivir a Santiago dos meses antes de lo planeado empezó una vertiginosa carrera contra el tiempo para dejar todo organizado antes de mi partida. Y con todo me refiero a renunciar a mis trabajos y dejar todos los asuntos cerrados, seleccionar y capacitar a la chica que me iba a reemplazar en la oficina, mandar a hacer vestido de novia, lista de invitados para el matri, buscar el lugar donde iba a ser la recepción, escoger recuerdos, flores, sacar partidas de confirmación y bautismo de mi esposo y mías, pelearme con la odiosa secretaria de la iglesia donde me iba a casar etc… O sea todo lo que tenía planificado hacer en tres meses lo hice en la mitad de tiempo. Aparte de los mil trámites que tuve que hacer en el Ministerio de Relaciones Exteriores y en el Consulado Chileno para viajar con mis papeles en regla. Ese mes y medio ni dormí, quería que el día dure 40 horas y por lo general me acostaba tipo 3 o 4 de la mañana todavía sintiendo que me faltaban cosas por hacer.

Luego de las reuniones de despedida organizadas por la familia y los amigos, finalmente la tarde del 17 de setiembre me vi en el aeropuerto con mis maletas, diciéndole adiós a mi familia, a Lima y a lo que había sido mi vida hasta ese entonces. Fue triste partir, para qué lo voy a negar… pero no quiero shorar escribiendo este post, si quieren saber un poco más, hace tiempo escribí otro post al respecto, bastante depre por cierto.

Llegué a Santiago en la madrugada del jueves 18 de setiembre del 2003 en pleno fin de semana largo por las fiestas patrias chilenas. Todos mis sentimientos estaban entremezclados, por un lado estaba contenta de estar por fin al lado de mi esposo y comenzar nuestra vida juntos, pero por otro lado me moría de pena pensando todo lo que había dejado atrás.

Aproveché el fin de semana para arreglar las pocas cosas que había podido traer en la maleta y como anécdota contaré que toda mi ropa interior la dejé olvidada en Lima. Así es, generalmente cuando hago maletas dejo la ropa interior para el final y trato de acomodarla en los espacios vacíos, dentro de zapatos, etc. Al parecer cuando hice la maleta, debido a que tenía mil cosas en qué pensar olvidé meter la ropa interior que había reservado para el final. Y eso que mis amigas, tías, primas, etc., me habían regalado un montón de ropa interior de lo más fina y sexy, que es lo típico que te regalan cuando te casas, y todo me lo olvidé, sólo tenía el calzón y el sostén con el que había viajado. Horror. Al día siguiente, muy digna yo, usando un calzoncillo de mi esposo (no me quedaba otra, no iba a andar commando por las calles) fui a comprarme la ropa interior más barata que encontré. Y por consiguiente la más matapasiones también, ja, ja! Es que me llegaba comprar ropa bonita cuando tenía tanta en Lima que ni había estrenado.

Bueno pues, el lunes 22 de setiembre a las 9 en punto de la mañana estaba yo en mi nueva oficina, que para maravilla, quedaba a sólo tres cuadras de mi departamento. Ni gastaba en pasajes. Mi primera dificultad a enfrentar fue entender el “chileno”. Ya sé que Perú y Chile son países hispanohablantes pero por un momento sentí que me estaban hablando en algún idioma desconocido. No entendía nada. Los chilenos hablan súper rápido y cortan las palabras, no pronuncian las “s” aparte que usan bastante jerga de la cual no entendía ni michi. Yo por supuesto que ponía mi cara de que estaba entendiendo perfectamente lo que me explicaban pero la verdad es que habré comprendido un 40% y ya me daba roche estar pidiendo a cada rato que repitieran lo que han dicho.

Mi segunda dificultad a enfrentar, fue entender que la sociedad chilena es mucho más cerrada que la peruana. Yo estaba acostumbrada en Lima a llegar a un nuevo trabajo y de hecho encontrar a alguien conocido. El medio en el que me desenvolvía en Lima era muy pequeño, casi todo el mundo se conoce. Y si no, pues al toque te haces amigos y sales a almorzar juntos, etc.

Acá no es tan fácil, yo era la única extranjera en una oficina de 40 chilenos. Había una brasilera también pero vivía en Chile hacía como 15 años y estaba casada con chileno así que ella podría considerarse una chilena más. Yo era la recién llegada, la nuevita, la chica peruana. Todos mis compañeros eran muy amables conmigo, tampoco voy a ser injusta, pero era una amabilidad distante, fría. Llevaba ya dos semanas en la oficina y jamás me incluyeron en un almuerzo, o un cafecito. Claro que yo podría haberme acollerado también y no esperar que me inviten pero me sentía corta de hacerlo. El resultado era que todos los días llegaba llorando a la casa, pensando que todos me odiaban. Mi esposo, quien ya tenía bastante experiencia trabajando con chilenos trataba de convencerme de que les de tiempo para conocerme mejor, "los chilenos no son tan amigueros como los peruanos, se toman un poco más de tiempo en tomarte confianza", me decía. Y realmente tenía razón, poco a poco me fui integrando al grupo y el día en que me pasaron la voz para ir a tomar un café con ellos casi lloro de la emoción.

Sin embargo nunca estuve contenta en ese trabajo, a pesar de llevarme bien con todos mis compañeros. La única tarea que me asignaron cuando llegué era organizar la base de datos comercial de la empresa en unas planillas Excel. Me parecía absurdo, yo estaba acostumbrada a trabajos adrenalínicos 100%, en la oficina en que trabajaba en Lima era la mano derecha del gerente y él me consultaba las decisiones, ¿qué hacía yo llenando planillas Excel?, ¿para eso esperaron que viniera de Lima a trabajar con ellos? ¿No era más fácil contratar a cualquier egresada de una universidad chilena que sería perfectamente capaz de hacer el trabajo que yo estaba haciendo? Realmente estaba muy descontenta, me aburría a morir en mi nueva chamba y eso hacía que extrañara más el haber dejado Lima y el trabajo que me encantaba. Claro, ahora me doy cuenta que no podía pretender llegar a un país extraño y encima exigir que me den un trabajo más de acuerdo con mi capacidad. Allí nadie me conocía, quizá me estaban sometiendo a prueba a ver qué tan bien podía desempeñarme en trabajos simples antes de darme mayores responsabilidades. Y efectivamente así fue, con el pasar de los meses fueron aumentando de a pocos mis responsabilidades y cuando ya me estaba empezando a sentir cómoda en ese trabajo, cerraron mi área y despidieron a varias personas del área comercial, incluyéndome. Buh, en total estuve 10 meses en ese trabajo… Pero me estoy adelantando… regresemos a donde me quedé.

Otra gran dificultad fue la tensión en que vivíamos mi esposo y yo tratando de organizar nuestro matrimonio religioso desde Santiago. Los papás ayudaron bastante ciertamente pero cada decisión que había que tomar desde lejos era motivo de peleas y más peleas. Ambos estábamos bajo mucho stress, tratando de adaptarnos a la ciudad y sobre todo a la convivencia diaria el uno con el otro. El matrimonio y la convivencia es difícil al comienzo, cuesta adaptarse a la forma de vivir de otra persona y si a eso le sumas otros factores como país nuevo, trabajo nuevo, extrañar Lima, etc., el resultado es explosivo. Tuvimos unas cuantas grandes broncas, tanto así que en algún momento pensé en cancelar el matrimonio. Después caí en cuenta que ya estaba casada por civil y que era demasiado tarde para cancelar nada, ja ja! En todo caso yo creo que a la larga estas discusiones nos unieron un poco más. Mi esposo y yo sólo nos teníamos el uno al otro en Chile, en esa época no conocíamos a nadie más, así que no quedaba otra que enfrentar nuestros problemas y solucionarlos juntos. Acá no valía la típica escena melodramática de la recién casada que coge sus maletas y desde la puerta anuncia: “¡Me voy donde mi mamá!”. No pues, mi mamá estaba a kilómetros de distancia y si alguna vez tiré la puerta de la casa fue sólo para ir a sentarme enfurruñada en la banca que había en la puerta de mi edificio porque no conocía a nadie en Santiago donde pudiera refugiarme hasta que se me pase la cólera y tampoco me atrevía a caminar de noche muy lejos de mi departamento porque aún no conocía bien los alrededores.

Fueron súper complicados esos primeros meses viviendo en Santiago, extrañaba mucho a mi familia, mi trabajo… pero me sostenía un poco el hecho de que pronto viajaría a Lima, primero para mi brunch, y dos semanas después para el matrimonio.

El 7 de noviembre por la noche estaba yo en el aeropuerto de Santiago, dispuesta a viajar a Lima ya que al día siguiente a las 11 de la mañana se celebraría el brunch- despedida de soltera tan cariñosamente organizado por mi mamá y mis tías. Todavía estaba tramitando mi residencia temporal en Chile, así que por si las moscas había llevado mi papelito donde se me otorgaba el permiso de trabajo para extranjeros con residencia en trámite. Había llegado tarde al aeropuerto porque cuando estaba en el taxi hubo un apagón general en Santiago (que no había por lo menos hacía 20 años, bien piña yo), y el tráfico estaba fatal.

Cuando llego a la ventanilla de migraciones, al ver mi pasaje Santiago-Lima-Santiago sólo por un fin de semana, la funcionaria me pregunta si yo estaba residiendo en Chile. Al contestarle que sí, me pidió mi formulario de residencia temporal. Yo no entendía qué me estaba pidiendo, pensé que se refería a la tarjeta de trabajo. Ella me aclaró que se trataba de un formulario color celeste que me tendrían que haber dado en extranjería. Cierto, ese formulario estaba bien guardado junto con otros papeles en mi mesa de noche.

- Lo siento señora pero sin ese formulario no va a poder salir del país.

Faltaba media hora para que salga mi vuelo. El mundo se me vino abajo por un momento, pensaba en mi brunch y en toda la gente que me estaría esperando a la mañana siguiente, y yo sin poder salir de Chile. Casi llorando le pedí una solución a la señorita y ella me mandó a la oficina de Policía Internacional.

Le entregué todos mis papeles al amable oficial de la Policía Internacional, y éste me dijo que la única forma de salir del país era que en ese instante me faxearan el papelucho ese. Eran como las 10 de la noche, ¿dónde vas a encontrar un local de fax abierto en Santiago a esa hora?? Igual llamé a mi esposo a la casa, a ver si por lo menos le podía leer el formulario al Policía. Riiing, riiing, no estaba en la casa. El muy… ni bien me voy yo él también se arranca. De la oficina no se podía llamar a celular, yo no tenía celular todavía, los teléfonos públicos estaban en el segundo piso del aeropuerto, abrí mi cartera y sólo tenía dólares y 50 pesos insuficientes para hacer una llamada, en la casa de cambios había una colaza, faltaban 20 minutos para que salga mi vuelo, ya habían llamado para embarque hacía rato…

Estaba a punto de echarme a llorar en plena oficina de la Policía Internacional cuando en eso se me iluminó el cerebro. Estábamos 7 de noviembre, yo había llegado a Santiago el 18 de setiembre, por consiguiente, por más que ya hubiera iniciado los trámites para mi residencia, no habían pasado aún los noventa días que te permiten quedarte en Chile como turista. Con mi pasaporte en la mano enseñándole las fechas le dije todo esto al policía y se quedó mudo. Yo tenía razón.

- Eteeee, ya señora está bien, puede salir, pero que no se repita, eh??

Volé realmente a mi sala de embarque y fui la última que subió al avión, casi llorando del alivio. Al día siguiente tuve mi brunch en Lima, todo salió maravilloso y a las 6 de la mañana del lunes estaba nuevamente en el aeropuerto de Santiago con el tiempo justo para ir a mi casa, bañarme y volar a la oficina, sin haber pegado un ojo en toda la noche.

Dos semanas después, el 21 de noviembre, tenía que repetir la misma historia en el aeropuerto. Pero esta vez viajaría con mi esposo y a él le acababa de salir la residencia lo cual me daba algo de tranquilidad. Pero más vale prevenir que lamentar así que por si acaso me fui al aeropuerto con un folder donde tenía absolutamente toooodos los papeles que me vinculaban a Chile, mi contrato de trabajo, mi título profesional, el contrato de arriendo del departamento, el bendito formulario celeste, y mi última opción: el parte de mi matrimonio con fecha 22 de noviembre, para que dado el caso de que no me quieran dejar salir nuevamente ponerme a llorar parte en mano diciendo “Por favor déjenme salir, me caso mañana, buaaaaaaaaaaa!”

Felizmente no fue necesario el llanto, bastó con presentar el pinche formulario celeste y pude salir sin problemas y menos de 24 horas después estaba parada frente a un altar diciendo “Sí, acepto”. Ojerosa, cansadísima, pero feliz.

Nuestra boda fue muy bonita, fue hermoso compartir esas horas con la familia, los amigos, pero fue triste también, no sólo era nuestra boda, era también nuestra despedida del Perú. Tuvimos una luna de miel maravillosa en San Andrés y Bogotá donde pudimos por fin descansar de esos meses tan ajetreados y con tanto stress, y finalmente regresamos a Santiago, ahora sí casadísimos por todas las leyes y dispuestos a empezar nuestra vida, ya más tranquilos.

Así empecé en Santiago, podría contarles muchas más cosas pero no terminaría nunca. Ahora recuerdo esas épocas con cariño, cuando recién llegué y dormimos tres semanas en una camita de plaza y media, cuando nuestro televisor estaba encima de su propia caja que servía como mesita, cuando lo único que había en la sala era un árbol de navidad porque no importaba no tener aún juego de sala ni de comedor, pero no podía faltar el árbol en nuestra primera Navidad juntos en Chile. Son cosas que te unen, que te hacen crecer.

Claro que no todo fue color de rosa, el problema de adaptación trajo rebote y el hecho de perder mi trabajo en junio no ayudó mucho y la segunda mitad del 2004 fue una época tan triste en mi vida que prefiero olvidar y borrarla totalmente de mi memoria. Pero las penas vienen y van y desaparecen y ahora que miro hacia atrás veo que a la larga todo nos sirvió para crecer, para madurar, para hacernos cada vez más fuertes, tanto como pareja como individualmente. Y también ayudó mucho tener amigos, gracias a Dios tenemos muchos amigos, peruanos también, más o menos de nuestra misma edad, el mismo tiempo de casados, con hijos chicos, etc. Ellos son nuestra familia acá.

En conclusión, migrar no es fácil, pero se te hace más fácil si es que uno busca adaptarse al país y no pretende que sea el país el que se adapte a ti. Chile en particular no es fácil cuando eres extranjero, es difícil encajar, hacer amistades. Pero cuando las haces son amigos muy buenos, con un sentido del humor genial, es gente muy divertida, muy directa a veces, pero son buenos amigos.

Para terminar quería rescatar un comentario que me dejó hace un tiempo un lector uruguayo llamado Nacho. El vive en Santiago y me dio una descripción de la ciudad tan buena, que no quise que su comentario se perdiera, así que aquí lo pongo:

“No es fácil Santiago, no? de primeras es una ciudad fría, como las montañas que la circundan; los códigos sociales santiaguinos, el humor negro, esa cosa chilena que ya debes haber notado, de vivir todo de forma dual, de discursos dobles, de caretas. No entra de una Santiago, quedas maravillado por la nieve de los cerros y los fríos cristales de sus edificios, por esa estética limpia y ordenada; es una ciudad linda y distante, como esa chica que jamás te dio bola... te sientes afortunado pero presientes que es un lugar que no te va a cuidar.

Hasta que un día te atreves a vivir la ciudad como santiaguino, prestas atención a los mensajes, y aunque en otro tono, te das cuenta que se habla lo mismo que en Lima o Buenos Aires; todos se preocupan por lo mismo, y cuando entiendes la tonada, y captas lo que hablan, te das cuenta que están en lo mismo.... porque somos humanos.

Y Santiago aunque pareciera que nunca termina de derretirse para convertirse en un lugar cálido, un día el sol radiante en el cielo limpio de Providencia, o en el San Cristóbal después de la lluvia, una sesión de risas y alcohol con amigos y duelos de humor negro; un café en el Forestal, esa sensación de vivir en un lugar estable, el olor a pasto mojado, las hojas de colores en otoño, los conciertos que no llegan a todas partes, el metro (ahora semi colapsado), el culto diálogo de muchos chilenos, sobre filosofía, sobre política, historia; los parques el fin de semana, el tecito té club con algún amigo mientras afuera cae agua en baldes, y sientes que la ciudad se te mete en el alma, que es tu hogar, el que no pudo ser allá, y el que no es perfecto acá; pero con penurias y tiempo, Santiago te ofrece su mano helada, y cuando la tomas, y entiendes a esta ciudad te queda marcada, y le tomas cariño."

Y yo estoy totalmente de acuerdo…

Ahora sí, terminé.

FIN

jueves, 25 de octubre de 2007

El cambio de país

Les contaba en el post anterior que una pareja de amigos peruanos ha venido a vivir a Santiago, recién se han instalado en su departamento y están conociendo como es la vida por acá. Y su situación me ha hecho recordar mucho aquellas épocas en las que yo llegué a vivir a este país, hace cuatro años.

La típica es que me pregunten, “¿Y como así vives en Chile?”, y yo me mando con todo el rollo de mi historia del cómo y por qué llegué a vivir acá. Pero creo que nunca he contado la historia completa en este blog, así que aquí la cuento por si alguno tiene curiosidad, y si alguna otra persona me vuelve a hacer la misma pregunta pues simplemente le doy el link de este post, para qué desperdiciar palabras tantas veces dichas si ya está todo escrito ¿no?

Ok, prepare su canchita y dispóngase a leer estimado blogleyente porque es una historia larga.

Corría el año 2002, y esta blogger tenía una vida muy ocupada. Tenía clases de inglés en Euroidiomas a las siete de la mañana, de ahí volaba a la oficina (trabajaba en la Asociación de Anunciantes), donde era asistente de gerencia y editora de la revista institucional, y en las noches me desempeñaba como jefe de práctica en las facultades de comunicaciones de la U. de Lima y de la PUCP. Ya tenía más de dos años junto a mi enamorado a quien creo que sólo veía los fines de semana debido a mi complicado horario laboral, pero igual los planes de matrimonio ya estaban cercanos.

Fue en ese año, que a mi enamorado lo contactaron de una empresa chilena ofreciéndole un puesto de trabajo en Santiago. El gerente de esa empresa había trabajado un tiempo en Lima y de ahí lo conocía y estaba buscando una persona con su perfil profesional. La verdad es que yo no dimensioné en su momento el asunto. Ya antes mi enamorado había recibido otras ofertas de trabajo, de Brasil y México si mal no recuerdo, y las condiciones que ofrecían no ameritaban el hecho de tener que dejar su país. Mi enamorado tenía un trabajo estable en Lima así que tampoco estaba desesperado por irse.

En diciembre del año 2002 mi enamorado se convirtió oficialmente en mi novio, con pedida de mano y todo. Reservamos la iglesia que nos gustaba para el 22 de noviembre del 2003. Súper precavidos nosotros aseguramos la iglesia casi un año antes por si acaso. Empecé entonces el 2003 totalmente ennoviada, enamorada y feliz, haciendo planes para la próxima boda y buscando un departamento en Lima. No había planes de irse del país, ni siquiera se tocaba el tema, las negociaciones con la empresa chilena habían quedado en stand by hacía meses y sinceramente nos habíamos olvidado del asunto.

En marzo o abril de ese año la empresa chilena nuevamente contraatacó mejorando notablemente las condiciones y los beneficios. Ya era un asunto digno de ponerse a pensar. La verdad es que yo nunca había considerado el salir del Perú pero en ese momento la alternativa no me pareció tan descabellada. Opté por tomarlo como una buena experiencia y aparte estaba el tema del desarrollo profesional de mi futuro esposo. Era una súper buena oportunidad para él, y si lo era para él entonces también lo sería para nosotros. Así que me las jugué por él y la decisión de venirnos a Chile la tomamos a finales de mayo.

La empresa lo quería trabajando ya-ya el primer día de julio. Nosotros nos íbamos a casar en noviembre recién así que el plan era que él se fuera a trabajar a Santiago, yo me quedaría en Lima planificando el matri, él viajaría a Perú unos días antes de la boda, nos casábamos, luna de miel en San Andrés una semana (ya teníamos los pasajes comprados) y de ahí yo me iba con él a vivir a Santiago. Todo estaba fríamente calculado.

Entonces me dispuse a averiguar todo el papeleo previo al matrimonio (es una locura todos los trámites que te piden), adelantamos las charlas pre matrimoniales, y cuando me dispuse a averiguar el tema del matri civil (que iba a ser el mismo día del religioso) me di con una sorpresa. Todos los trámites que te piden para el civil tienen que hacerse máximo un mes antes del matrimonio. Todavía faltaban 5 meses para mi matrimonio, no podíamos adelantar los trámites, y un mes antes del matri mi novio iba a estar en Chile y ni modo que en su trabajo lo dejen viajar un mes antes para que haga los trámites.

No quedaba otra, o nos casábamos por civil ipso facto, antes que viaje a Chile, o no íbamos a poder casarnos en noviembre. Hablamos con mi amiguísima S, que trabajaba en la Municipalidad de Pueblo Libre y ella nos ayudó horrores para que todos nuestros papeles salieran al toque y en menos de tres semanas estábamos parados en la Municipalidad casándonos por civil. Una ceremonia súper sencilla, un viernes a las 11 de la mañana. Tan sencilla que por la tarde mi flamante esposo se fue a su oficina y yo me fui a la mía.

A mi esposo le encanta decir que a él lo “cazaron” así con “z”, y que me quise asegurar el matrimonio antes de que él se fuera a Chile. Naaaaaaah, calumnias, lo dice para hacerse el importante, la verdad es lo que acabo de contar y que quede registrado para la posteridad.

En fin, nos casamos por civil el viernes 20 de junio de 2003. Y el lunes 23 de junio, a las seis de la mañana estaba en el aeropuerto despidiéndome con las lágrimas chorreándome por litros de mi amadísimo esposo recién estrenado que partía para Chile.

Y así me quede yo en Lima. Recién casada pero todavía con mi vida de soltera, trabajando y organizando mi matrimonio religioso. Cuando mi esposo ya tenía dos semanas en Santiago, una amiga en común nos pasó el dato de una empresa chilena de tecnologías de la información que estaba buscando gente para su área comercial. Esta amiga les habló de mí, y mi esposo me animó a mandar mi currículum. Yo lo envié sin pensarlo mucho, sin ni siquiera entender bien de qué trataba la empresa. Para mi sorpresa mi currículum les interesó, y querían conocerme, pero cuando les dije que yo recién iba a vivir a Santiago a comienzos de diciembre no me volvieron a escribir. Obvio, claro, faltaban como 5 meses todavía.

Para las fiestas patrias peruanas (28 y 29 de julio) pedí permiso toda la semana en mis trabajos para viajar a Santiago a visitar a mi esposo. Es así como el 26 de julio pisé suelo chileno por primera vez en mi vida y conocí la ciudad que pronto sería mi hogar. Mi esposo había arrendado un departamento cerca al Metro, pensando en que sería lo más cómodo para mí para no perderme en una ciudad desconocida y tenía razón. Esa semana que estuve en Chile mientras mi esposo trabajaba yo me dediqué a explorar y a conocer un poco la ciudad y la cercanía del Metro fue básica.

Como estaba en Santiago me animé a llamar a la empresa con la que me había contactado semanas antes a ver si todavía se acordaban de mí. Por suerte se acordaban perfectamente de mi existencia y coordinamos una entrevista. En realidad fueron dos entrevistas, la primera con el Gerente Comercial y la segunda con el General, y después de esta me dijeron que querían que me quede de una vez a trabajar con ellos. Yo me quedé con la boca abierta, no era posible que viaje a Chile una semana por vacaciones y al toque consiga trabajo, no podía creer tanta suerte.

Negociamos la fecha de inicio, yo no podía quedarme en ese momento, tenía aún tres trabajos en Lima y un matrimonio que organizar, necesitaba como mínimo un mes para solucionar todos los temas pendientes y poder irme. Quedamos finalmente en que empezaría a trabajar después de las fiestas patrias chilenas (18 y 19 de setiembre). La fecha de inicio se fijó para el 22 de setiembre del 2003.

Y este post ya me está saliendo kilométrico y tampoco es la voz aburrirlo estimado lector, así que la segunda parte en el siguiente post.

miércoles, 18 de abril de 2007

Permiso para sentir


“La nostalgia surge siempre de lo irrecuperable, pero posee al mismo tiempo una asombrosa carga de vida latente que la hace mucho más compleja que el recuerdo. Este, en efecto, sólo puede ser bueno, malo, regular o indiferente, y, a lo más, alegre o doloroso. Pero está ahí, existe mientras no se lo trague el olvido. La nostalgia, en cambio, nos invade cuando el hecho que la motiva es irrecuperable o irremediable. O cuando fue mal vivido, vivido a medias o mal comprendido.”


Confieso sin roche alguno amar locamente a Alfredo Bryce. Desde que leí “Un Mundo para Julius”, cuando tenía 13 años, mi devoción por él se vio asegurada. Y este amor se incrementó al leer “La vida exagerada de Martín Romaña”, “Tantas veces Pedro” o “No me esperen en Abril”, entre otros más. Su ternura y su fina ironía me cautivaron totalmente hasta el día de hoy.

Últimamente el querido escritor ha estado recibiendo acusaciones que ya muchos conocemos. Yo me enteré tarde de la noticia (la culpa de todo la tiene la PC que se malogró) y no puedo negar el haber sentido una profunda tristeza. Mi dios se me cayó por un momento, pero en todo caso habría que separar al escritor del ser humano. Haya hecho lo que haya hecho, con plagio o sin plagio, nadie le quita el haber escrito unos libros geniales y entrañables, y la sola insinuación de que también aquellos libros tengan algo de plagio me parece mezquino. En fin, la idea de este post no era tocar este tema porque ya se ha hablado bastante al respecto y no tengo mucho que aportar además de mi infinita sorpresa-tristeza.

Siempre he querido conocerlo personalmente, y una vez casi lo logré. Era el año 1999, y Bryce acababa de hacer su tan celebrado retorno al Perú después de 35 años viviendo en Europa. En ese entonces yo trabajaba en el noticiero de un canal de televisión y mi horario de trabajo terminaba a las 10 de la noche al finalizar el noticiero. Pero ese día decidí quedarme, ya que después del noticiero venía un conocido programa de entrevistas y esa noche el invitado sería Bryce. Yo había llevado mi ejemplar tantas veces leído de “Un Mundo para Julius” y estaba totalmente decidida a no salir del canal hasta meterle letra a Bryce y conseguir una firma para mi libro.

Cuando finalmente Bryce entró al estudio, mis planes se vieron frustrados. Parece que ese día se tomó unos cuantos vodka tonics de más (todos sabemos de qué pie cojea nuestro escritor) y llegó al canal en estado deplorable ayudado por dos señoras. Imposible acercarme a él en ese estado, sobre todo cuando intentaron darle agua y ponerle un poco de maquillaje en un vano afán de revivirlo para la entrevista que se realizaría en 5 minutos.

Y empezó la entrevista, y fue un fracaso total, el conductor del programa no le pudo sacar más de dos palabras coherentes a Bryce y la entrevista que estaba planificada para que dure el programa entero sólo pudo durar un bloque. En el corte comercial las señoras se tuvieron que llevar al escritor prácticamente cargado, y yo me tuve que ir a mi casa con mi libro tan sin firma como llegó y muriéndome de pena.

Años después, sería el 2004 o 2005, estaba yo en el aeropuerto de Lima dirigiéndome a la sala de embarque donde tomaría mi vuelo para regresar a Santiago, cuando en eso lo vi. Estaba sentado en uno de los cafés del aeropuerto, conversando con una señora, su esposa de repente, no se… Me quedé inmóvil, paralizada mirándolo y decidiendo qué hacer. En ese momento no tenía ningún libro suyo conmigo así que el pretexto de la firma no me iba a funcionar. Y entonces me sentí Julius, Martín Romaña y Manongo Sterne. Me vino una timidez total y absoluta y visualicé el momento en que yo, roja como un tomate me acercaría a saludar al escritor, y éste tan tímido como sus personajes me miraría con cara de “Y esta quien es que viene a interrumpir mi agradable conversación”, que decidí no hacer nada, le di una última mirada a mi ídolo de ídolos y seguí caminando hacia mi sala de embarque, snif.

Esa fue la triste historia de mis encuentros frustrados con mi escritor favorito. Y para variar me salí del tema ya que lo que yo quería es contar que recién terminé de leer la segunda parte de sus antimemorias “Permiso para sentir”. Este libro es del 2005 así que lo leo re tarde y seguro muchos de ustedes ya lo leyeron pero igual quería opinar al respecto.

El libro se divide en dos partes. En la primera sigue la línea del primer tomo de sus antimemorias “Permiso para vivir”, publicada en 1993. Es decir, anécdotas de su vida, de su niñez, de sus amigos, narradas separadamente y en orden aleatorio. Una especie de blog digamos, siempre con el toque de humor, ironía y ternura que caracteriza al escritor.

Pero lo que me tocó hondo fue la segunda parte. En esta narra su regreso al Perú en 1999 luego de su larguísima estadía en Europa, sus impresiones sobre cómo encontró el país después de su ausencia y la sorpresa y desazón que sintió al llegar a un Perú tan distinto del que dejó en los 60´s.

Es una narración que lleva mucho de amargura y de denuncia con nombre y apellido de algunos personajes limeños. También hay mucha crítica política, le da con palo al gobierno de aquellos años (el recordado Fujimontesinismo) lo cual me sorprendió sobremanera, no por su postura política en sí, sino porque Bryce siempre se había mantenido medianamente apolítico en sus libros. Sentí inclusive al leerlo una cuota de cinismo, de menosprecio por la nueva Lima del siglo XXI. Si bien la ironía siempre ha sido un recurso que ha caracterizado a Bryce, esta vez la sentí amarga, áspera.

Pero no deja de ser interesante como una persona se puede pasar más de tres décadas fuera de su patria, extrañándola a muerte y viviendo diariamente con la nostalgia, y en el momento de regresar se sienta perdido, extranjero en su tierra, un apátrida.

Y me hace preguntar qué tan fuerte puede ser el desarraigo, qué tan difícil es regresar a la patria después de cuatro años, diez años, treinta años… y sentí miedo y sentí pena y sentí desazón pero sobre todo sentí nostalgia.

Y ahí entendí por qué Bryce le puso ese título a sus antimemorias.

lunes, 29 de enero de 2007

Dear Blogger.com

Hola, qué tal?? Bien supongo, no??? Que para qué te escribo?? Pues nada, ya se que soy una más de las miles de personas que optaron por ti para alojar su blog, una más, y ni sabes quien soy, y de repente ni te importa, bueno, te entiendo… hay demasiados bloggers no??

Pues yo sólo quería contarte un poco mi historia contigo… si ya se que de repente no te interesa pero al menos finge escucharme ya???

Hace un poquito más de un año se me ocurrió abrir un blog, este que ves acá con su jirafa más… Elegí Blogger.com porque es el único servicio que sabía que existía, te soy sincera, tampoco quiero ser sobona, no es que haya hecho una investigación de mercado o algo así para quedarme contigo, no, simplemente no sabía que existían otras opciones…

Pero la verdad es que contigo me fue muy bien, al comienzo acepté las cosas tal como me las diste, pero después poco a poco fuimos trabajando en común para crear un blog al gusto de los dos no??? Mira, tienes a la jirafa, a Lucas el pato come-tostadas, un Chat box donde recibo a veces mensajes extraños… Una gran lista de blogs amigos… Todo eso ha sido posible gracias a ti y por eso te agradezco…

En una época te pusiste medio pesado, no dejabas publicar, no dejabas subir fotos… me imagino que estarías de mal humor, o estarías estresado por tanta chamba, ok, comprensible… En esa época muchos empezaron a abandonarte y cambiarse a Wordpress pero yo siempre seguí fiel a ti a pesar de todo, jamás se me hubiera ocurrido sacarte la vuelta, yo seguía contigo incondicionalmente…

Hace un tiempito atrás anunciaste al mundo que estabas sacando una nueva versión y sinceramente me alegré por ti. Al parecer esta nueva versión tuya venía con mil funcionalidades para hacerles la vida a los bloggers mucho más fácil y divertida. Qué bueno realmente, pero tú sabes cómo soy yo, no??? Yo seguía feliz con mi versión original de Blogger y no veía la necesidad de pasarme a la nueva versión. Si algo funciona bien, para qué cambiarlo?????

Sin embargo tú dale que dale tratando de convencerme que utilice tu nueva versión, empezaste una especie de guerra sucia no publicando mis comments en otros blogs que ya se habían cambiado, pero yo soy una persona muy paciente, y seguí fiel a la causa con mi versión antigua, ya te he dicho, si las cosas me funcionan bien, me quedo con ellas…

Pero hace un par de días jugaste tus últimas cartas no??? Simplemente ya no me dejaste utilizar la versión antigua, me obligaste (un poco más con pistola en mano) a utilizar tu nueva versión, no me diste opción a otra cosa, el mensaje estuvo clarísimo: “O te cambias a la nueva versión, o ya no podrás seguir escribiendo en tu blog...”

Realmente esto me pareció un golpe bajo, yo no quería cambiarme, por qué me obligaste!!!!! Pero ni modo, no tenía opción, me encanta escribir en mi blog, y si la única forma de hacerlo era cambiándome, pues adelante….

Debo confesar que sentí mucho miedo, lo pensé muchas veces, consulté con amigos que ya antes habían migrado hasta que finalmente decidí confiar en ti y cambiarme (aparte ya no tenía otra opción). Al tomar esta decisión me dijiste muy claramente que nada iba a cambiar en mi blog, que todo iba a quedar tal cual estaba antes de cambiarme y que esta nueva versión iba a tener muchas ventajas para mí… Y yo te creí… Deposité en ti toda mi confianza y apreté el botón para cambiarme a tu nueva versión…

Después de unos minutos de angustia y sufrimiento pude ver mi blog en su nueva versión… Bueno, no todo quedó tal cual estaba antes, eh??? Las vocales acentuadas de mi sidebar se desconfiguraron, pero eso lo pude arreglar fácilmente, mi banner de jirafa se separó del cuerpo del blog, lo cual hasta ahora no puedo arreglar, pero esto no es tan trágico…

Realmente pensé que eso era todo, y ya estaba bastante feliz por el éxito que había tenido esta migración cuando se me ocurrió chequear los comentarios de los posts anteriores (algo que me encanta hacer) y casi me pongo a shorar… Todos los avatares de mis amigos bloggers habían desaparecido TODOS!!!!!, ya no estaban ni los dragoncitos de Dragón, ni la ranita de Darling, ni el gorila de Schatz, ni mis propios ojitos, no había ningún avatar, esos que son tan lindos porque le dan colorido a los comentarios y sirven para identificar rápidamente al emisor del comment… Y eso no es todo, ni tampoco lo peor, no bastándote con borrar todos los avatares, a muchos de los comentarios les has quitado la firma convirtiéndolos en anónimos!!, por queeeeeeeeeee??, por qué hiciste eso??? A mi me encanta leer los comentarios muchas veces y ahora hay un montón de comentarios que no recuerdo quien escribió!!!!!!!!!!!!. Por suerte suelo responder casi todos los comentarios, pero y los otros???, los que no llegué a responder??? Ahora cómo se quien los escribió, ah??? Y los bloggers a los que todavía no he linkeado en mi sidebar???, ahora cómo hago para entrar a sus blogs, si yo solía hacerlo entrando a su perfil por medio de sus comentarios ah??, y ahora cómo hago pues, contéstame???

Esta no te la perdono Blogger, tú me prometiste que nada iba a cambiar en mi blog, y mira el desastre que has hecho, tú me lo prometiste!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Malo, malo, ya no te quiero…

Fuckin´ Blogger, snif…

jueves, 18 de enero de 2007

Episodio traumático de mi infancia

Un poco exagerado el título del post, pero se debe a que estuve chequeando nostálgicamente varias fotos antiguas cuando me topé con esta:

Esta foto fue tomada en 1975, cuando esta humilde servidora tenía tres tiernos añitos (sí, ya se que estoy tía). Noten que es una actuación por el día de la Madre en el nido (jardín). Ven al medio a una niña con cara de poquísimos amigos, la única que tiene el uniforme con corbatita roja??. Pues esa soy yo señoras y señores…

Y por qué esa cara??? Pues resulta que para esta actuación, las profes enviaron una nota a los papás avisándoles que debían enviarnos al nido con ropa de calle, la cual debíamos llevar bajo el mandil que era nuestro uniforme. Y qué pasó???, pues no se, debo haber olvidado la nota, o mi mami se olvidó, lo cual no quiero creer, o sabe Dios que habrá pasado, la cosa es que ese día yo fui vestida con uniforme como cualquier día común y silvestre.

No vayan a creer que ese es el episodio traumático, está bien que en mi post anterior haya dicho que a las mujeres nos inculcan el gusto por la ropa desde niñas, pero tampoco es para tanto. El trauma fue que a la hora de la actuación, una auxiliar se acercó a los niños a sacarles el uniforme, y como me imagino que lo hizo apurada, no se percató que yo no llevaba ropa de calle debajo y me quitó el mandil dejándome en calzón frente a todo el mundo.

Por supuesto apenas tomé conciencia de que estaba medio calata delante de todos mis amiguitos, profesoras y mamás invitadas a la actuación, me puse a chillar como loca, y en ese momento la *#/&*are de la auxiliar recién se dio cuenta de su imperdonable error y me volvió a poner el mandil. Demasiado tarde para mi orgullo herido, el daño ya estaba hecho y el episodio había sido tan bochornoso que no lo iba a superar así nomás.

Desde ese momento la actuación me llegó altamente, recité el poemita para la ocasión sin ningún entusiasmo y fui a entregarle la flor a mi mamá con mi mejor cara de tragedia griega, como pueden apreciar en la siguiente foto.

Es justo que una inocente niña de tres años pase por esa vergüenza??? De repente muchos dirán que soy una exagerada, que los niños a los tres años son criaturitas inocentes y ni les importa que los desvistan en público… Pues no es cierto señoras, señoritas y caballeros, yo aún me acuerdo de este episodio y espero en el fondo de mi corazón que la auxiliar de marras esa haya sido infeliz los siguientes treinta años de su vida (bueno no tanto, pero ojalá algún día se le haya atracado la falda bajando de una combi y se haya quedado en calzón en medio de la calle mwuahahaha!!!!).

Los niños también sienten vergüenza, las niñas no son muñecas a las que se les pueda vestir y desvestir a vista y paciencia de todos. De repente no hay roche si es que es un bebe de meses, o de menos de dos años, porque allí sí creo que ellos ni se enteran, pero a partir de los tres años ya tienen conciencia de que estar semi desnudo en público es algo que no es muy normal que digamos.

Por eso madres del mundo, reflexionen antes de calatear a sus hijos en público, lo que para ustedes puede ser algo normal, para ellos puede constituirse en el episodio más vergonzoso de sus vidas, no querrán que después de 30 años escriban en su blog que desde que su mamá los desvistió en público han tenido pesadillas y han invertido una fortuna en psicólogos. No sean inconcientemente culpables de crearles un trauma a sus hijos… Bueno, en mi caso un traumita, realmente no es para tanto, pero si hasta ahora me acuerdo del episodio por algo será no???

Y por siaca, mami no me estoy quejando de ti ah???, el reclamo va totalmente para la maledeta de la auxiliar…

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Cambiando de tema, aprovecho la ocasión para saludar a todos los limeños que lean esto por el aniversario de nuestra querida ciudad, Lima es lo máximo!!!

Ah y lo último, este es el post número 100, yeeeeeeee aplausos!!!

lunes, 8 de enero de 2007

Semi Ciega

Creo que no se los había contado antes, pero esos lindos ojitos que ven en mi avatar, tienen un gran defecto: no ven. Bueno, me explico mejor, o sea sí ven, pero ven borroso, no ven bien de lejos, no ven bien de cerca, no ven bien por ningún lado. Nada es perfecto en esta vida pues (fuiiiiira).

Todo empezó en el año 94, cuando cursaba los últimos ciclos en la universidad y me di cuenta de que cada vez veía menos la pizarra. Yo que era de las que solía sentarme al fondo de la clase, terminé re chanconaza sentadita en primera fila y aún así no lograba ver bien. Ante la evidencia hice de tripas corazón y acepté lo que nunca pensé que me sucedería en la vida: tener que usar lentes.

Efectivamente, el doctor diagnosticó miopía y astigmatismo y recetó lentes permanentemente, buuu… La verdad es que mucho caso no hice a lo de permanentemente, ya que la vanidad pudo más, y esas monturas en mis ojos me daban un aspecto maestril, secretaril, intelectualoide que no me gustaba para nada, así que solamente los usaba en clase, para leer, ver tele, etc, pero jamás los usaba para salir, es más, en general evitaba que la gente supiera que usaba lentes.

Y como siempre he sido cobarde, tampoco me animaba a usar lentes de contacto, no me hacía gracia la idea de tener dos pedacitos de plástico pegados a mis ojitos, entonces me pasé varios años en este plan de ponte los lentes, quítate los lentes. Recién en el año 2002, después de 8 años usando lentes de montura, me armé de valentía y me animé por los lentes de contacto. Oh que maravishaaaaaaaaaaaaaaaa!!, poder ver sin sentir que tienes la cara enmarcada, aún recuerdo perfectamente la felicidad que sentí al salir del consultorio de la oculista, veía!!, sin lentes!!!, bueno sí, con lentes pero no se notaba!!!

Los lentes de contacto fueron lo máximo para mí, nunca más volví a usar lentes de montura, solamente por las noches para ver tele antes de dormirme, pero jamás nadie me vio con los lentes puestos, es más, mucha gente no sabe que no veo bien… Hasta ahí todo sería perfecto pero resulta que hace poco tres amigos se sometieron a la cirugía Lasik que es un procedimiento ambulatorio y súper rápido, que en 15 minutos te corrige la medida de los ojos y te deja con una vision 20 sobre 20 sin usar lentes ni ninguna clase de artefactos sobre los ojos. Lo máximo, es como si te dieran unos ojitos nuevos…

Obviamente, al saber que estos tres amigos estaban tan felices y habían quedado tan bien con la operación, yo también me antojé, así que he decidido operarme. Por supuesto que la cosa no es tan fácil como decir me opero y punto, hay que pasar por unos análisis previos, y lo más importante asegurarme que la Isapre (la versión chilena de las EPS peruanas), me cubra un porcentaje de la operación, porque si no, ni loca me opero, está bien que ya no quiera usar lentes pero tampoco hay que endeudarse por eso.

Todo esto lo sabré la próxima semana cuando tenga la respuesta de la Isapre y me haga los análisis previos a la operación. Ahora, lo anecdótico es que para hacerte los análisis tienes que estar sin lentes de contacto por lo menos una semana antes, sólo puedes usar lentes de montura. Y los lentes de montura que tengo, son una desgracia, como todos estos años los he tenido descuidados ya que los usaba sólo para ver tele en la noche, están todos rayados, tienen las patitas de otros lentes porque las originales se rompieron, y una de las patitas está pegada con scotch. Nada fashion mis lentes realmente, pero ni modo, sólo los voy a necesitar un par de semanas así que mandarme a hacer otros me parece un gasto inútil, aunque igual voy a averiguar, si encuentro unos lentes baratísimos, me los compro para usar estas semanas porque estos lentes que tengo son impresentables y tampoco es la voz andar por la calle echa toda una Mrs. Magoo.

Ya les contaré los próximos días que tal me fue, por ahora a cruzar los dedos para que 1. La Isapre me cubra la operación, y 2. Los análisis arrojen que soy una persona “operable”. Superados estos pequeños obstáculos, espero estar estrenando ojos nuevos antes de fin de mes. Ojalá pues..

viernes, 29 de diciembre de 2006

Balance de fin de año

Ya se acaba el 2006, no se ustedes pero a mí el año se me pasó super rápido… Pareciera que cada vez los años son más cortos…

Mi blog también está por cumplir un año (ya se viene el post de aniversario) por lo tanto aprovechando la coincidencia, haré un recuento de lo más relevante que me ha sucedido este año que está por terminar…

Enero: Empecé el blog y me volví casi adicta a él. Recibí la visita de mi hermano y pasé con él unos días muy lindos…

Febrero: Concierto de U2!!!, un sueño hecho realidad definitivamente, hasta ahora escucho la grabación de ese día y me emociono…

Marzo: Tuve la mayor alegría y la mayor tristeza de mi vida…

Abril: Disfruté mucho con el Cirque du Soleil, empecé a difundir la música peruana en mis clases de guitarra y cumplí 34 años, buaaaaaaaaaaa, lo cual significa que el 2007 cumpliré 35, doble buaaaaaaaaaaaaaaa, snif… sigamos…

Mayo: Me juergueé como loca en el único matrimonio al que he asistido en Chile, me seguí juergueando en el concierto de Attaque 77, y mi jirafa empezó a ponerse rebelde y a desaparecerse de mi blog…

Junio: Saqué mi licencia de conducir después de 16 años de intentarlo y mi mami estuvo de visita por acá. Fue un bonito mes, a pesar del frío...

Julio: Me detectaron unas células indeseadas e intrusas y tuvieron que planificar una operación. Buuu…

Agosto: Me operaron con éxito, gracias a Diosito y las buenas vibras enviadas por los amigos bloggers…

Septiembre: Me animé a empezar con mis pininos al volante, me matriculé en el gimnasio (sí, sigo yendo, no lo he abandonado), cumplí un año más viviendo en Chile, y tuve mi primer y único resfrío del año…

Octubre: Conocí el sur de Chile y me recontra encantó, fui a ver Cats y me gustó mucho, y me convertí en blanco de un mimo acosador.

Noviembre: Pasé todo el mes en Lima, después de casi dos años de no ir al Perú. Fue un viaje de redescubrimiento de mí misma.

Diciembre: Tuve mis últimos días en Lima, celebré el cumpleaños 80 de mi Tota, conocí a algunos amigos bloggers y finalmente regresé a Santiago renovada y con el espíritu navideño a full…

Ese fue mi recuento del 2006. Lo bueno de llevar un blog es que tienes una especie de diario virtual, que no te permite olvidar lo sucedido en fechas pasadas. Ahora veo que me ha pasado de todo este año, cosas buenas y cosas malas. Es parte de la vida, ojalá el 2007 venga con más cosas buenas que malas. Y ya que estoy haciendo un balance debo admitir que entre las cosas buenas que me han pasado ha sido abrir este blog y conocer a tanta gente interesante por este medio. Tener el blog ha sido y sigue siendo una experiencia sumamente enriquecedora y espero seguir manteniéndolo durante mucho tiempo más…

Este es el último post del año, así que deseo a todos ustedes que reciban muy bien el 2007, que quemen totalmente el 2006 y que el nuevo año esté lleno de felicidad . Feliz año!!!!