Si vas para Chile
te ruego viajero
te ruego viajero
le digas a ella
que de amor me muero
El pueblito se llama Las Condes
El pueblito se llama Las Condes
y está junto a los cerros y al cielo
y si miras de lo alto hacia el valle
verás que lo baña un estero
Campesinos y gente del pueblo
te saldrán al encuentro viajero
y verás cómo quieren en Chile
al amigo cuando es forastero
Hoy, 18 de septiembre, se celebran las fiestas patrias chilenas... Santiago luce embanderada, el ritmo de cueca se escucha en diversos lugares y la gente se prepara para celebrar en familia en alguna de las diversas fondas que abren por la ocasión, sitios donde se puede apreciar el baile típico chileno y degustar la comida nacional....
No soy chilena, sin embargo esta fecha tiene para mí un significado especial... Hace tres años, en la madrugada del 18 de septiembre del 2003, llegué a Santiago para quedarme... Llevaba conmigo una maleta donde intenté empacar 31 años de mi vida y una herida profunda en el alma. Había dejado mi país, mi trabajo, mi familia y mis amigos para empezar una nueva vida en estas tierras...
Mis recuerdos de esa fecha son muy dolorosos, recuerdo las lágrimas de mi mamá viéndome desaparecer por la puerta que lleva a migraciones en el aeropuerto de Lima, recuerdo la despedida de mi familia, recuerdo las innumerables lágrimas que derramé en las tres horas y media que demoró el vuelo Lima-Santiago...
Y recuerdo a mi esposo esperándome con un ramo de flores en el aeropuerto de Santiago... Habíamos estado separados tres meses pero era tanta mi tristeza por todo lo que dejé, que no pude decirle que a pesar de todo, mi corazón tenía paz por poder estar al fin juntos, porque si iba a empezar una nueva vida, la iba a comenzar con él y eso era lo importante... esas palabras se me quedaron atracadas en el nudo que tenía en la garganta...
Y no fue fácil, llegar a un país que no conocía, empezar a trabajar sin un tiempo previo de adaptación, en una empresa que no tenía nada que ver con las empresas donde había trabajado antes... Todo era nuevo, el país era nuevo, el trabajo era nuevo, el matrimonio era nuevo, se me hizo demasiado difícil, fueron muchos cambios en muy poco tiempo y por dentro siempre la pena inmensa ahí presente...
Pasé tiempos muy malos, y fue difícil aparentar que todo iba bien y que estaba llevando una vida de ensueño en este país. No, realmente fueron épocas por las que no quisiera volver a pasar nunca en mi vida, me convertí en otra persona, sentí que mis sueños morían, y fui sumamente desgraciada... Realmente el primer año que pasé en Chile fue una pesadilla...
Tuve que tragarme muchas lágrimas, muchas penas, muchas desilusiones, pero esas cosas me hicieron fuerte, y me abrieron los ojos a muchas cosas que nunca hubiera creído posible en mi vida anterior tan despreocupada y feliz. Estuve muy sola, en algún momento estuve súper lejos de todo lo que alguna vez amé en la vida, pero esa soledad me permitió conocerme más a mi misma y darme cuenta que la vida no es color de rosa, al contrario la vida es perra, es cínica, es asquerosa, pero ya depende de uno no contaminarse y dejarse llevar por eso. Si hay algo de lo que puedo sentirme orgullosa es que siempre he sido una persona transparente, no me gusta el engaño ni el cinismo y gracias a Dios mis valores los mantengo intactos, a pesar de que he tenido que patalear mucho para sobrevivir en esa época, en un país extraño y con un dolor tan grande en el corazón.
Después algo mejoró, adaptación que le llaman, finalmente logré asumir que acá tengo para rato y empecé a verle el lado positivo al asunto. Empezamos a hacer proyectos con mi esposo, conocí nuevas amigas, me llené de sobrinos postizos y empecé a querer más a esta ciudad en la que vivo y donde quizá algún día nacerá y crecerá el hijo que sueño con tener.
Ya me adapté, pero igual una parte de mi corazón se quedó allá y es algo con lo que tengo que vivir y ya lo asumí así. Lo difícil de estar en un país extranjero es la sensación de no pertenencia, siento que no pertenezco acá pero tampoco siento que pertenezco al Perú o a Lima, no, ya no, así sea difícil aceptarlo, la última vez que estuve allá me sentí turista, pero acá nunca dejo de sentirme extranjera, allá están mis recuerdos más queridos, acá está mi vida como es ahora, es irónico, a veces no me siento parte de nada, no me involucro mucho en los asuntos de este país, pero cuando viajo y regreso a Chile siento que estoy llegando a mi casa, porque pese a todo mi vida está acá...
Cada vez que analizo mi proceso de adaptación siento que me duele el corazón, fue demasiado difícil pero creo que ya pasó la peor parte, espero que todo vaya mejorando como de hecho ha sucedido, total o me adapto o muero en el intento porque regresar a vivir a Perú lo veo como algo prácticamente imposible, así me duela en el alma admitirlo...
Sorry por este post tan depre y disperso, son recuerdos muy tristes y sentí la necesidad de vomitarlos todos a ver si así me limpio un poco de todos mis rollos mentales. Y como igual Chile es el país que me acoge quiero rendirle un pequeño homenaje. Hace tiempo escribí un post enumerando las 10 cosas que más me gustaban de Lima, hoy voy a hacer lo mismo con Santiago, aquí van:
1. La ciudad al día siguiente de la lluvia. No hay nada más hermoso sentir el sol brillar con el cielo totalmente azul y al fondo la cordillera nevada haciendo contraste con los edificios.
2. El metro. Un medio de transporte rapidísimo, impecable y eficientísimo que une prácticamente todo Santiago.
3. Poder cruzar la calle leyendo el periódico si quieres y saber que ningún auto te va a atropellar porque aquí el peatón SI tiene la preferencia.
4. Ver a las 9 de la noche niños de 10 años montando bici en el parque cerca de mi casa, sin necesidad que haya algún adulto chequeando que no se aparezca algún secuestrador o violador.
5. Las ciclovías que hay por toda la ciudad y lo lindo que es ver en los fines de semana familias enteras montando bici juntos, y todos con su casco.
6. El otoño, donde los árboles se ponen de mil colores y las calles se llenan de hojas secas.
7. Bajar a la estación del metro, y meter una moneda en una máquina dispensadora de libros para tener algo que leer en el camino. Como quien se compra un chocolate o una bebida, se puede comprar un libro.
8. Los edificios tan lindos que hay, que no están todos apretujados pared con pared sino que por lo general tienen bastante espacio entre uno y otro y la mayoría con jardines intermedios.
9. El pastel de choclo que sirven en Pomaire, que es el más rico que he probado en mi vida.
10. La gran cantidad de vinos que hay por acá. Es rico en la nochecita probar un vino nuevo sentada en la terraza.
Esas son las cosas que me gustan de esta ciudad, dicho esto me voy a disfrutar mis dos días feriados. Si por casualidad algún chileno lee esto, feliz 18!!!!
No soy chilena, sin embargo esta fecha tiene para mí un significado especial... Hace tres años, en la madrugada del 18 de septiembre del 2003, llegué a Santiago para quedarme... Llevaba conmigo una maleta donde intenté empacar 31 años de mi vida y una herida profunda en el alma. Había dejado mi país, mi trabajo, mi familia y mis amigos para empezar una nueva vida en estas tierras...
Mis recuerdos de esa fecha son muy dolorosos, recuerdo las lágrimas de mi mamá viéndome desaparecer por la puerta que lleva a migraciones en el aeropuerto de Lima, recuerdo la despedida de mi familia, recuerdo las innumerables lágrimas que derramé en las tres horas y media que demoró el vuelo Lima-Santiago...
Y recuerdo a mi esposo esperándome con un ramo de flores en el aeropuerto de Santiago... Habíamos estado separados tres meses pero era tanta mi tristeza por todo lo que dejé, que no pude decirle que a pesar de todo, mi corazón tenía paz por poder estar al fin juntos, porque si iba a empezar una nueva vida, la iba a comenzar con él y eso era lo importante... esas palabras se me quedaron atracadas en el nudo que tenía en la garganta...
Y no fue fácil, llegar a un país que no conocía, empezar a trabajar sin un tiempo previo de adaptación, en una empresa que no tenía nada que ver con las empresas donde había trabajado antes... Todo era nuevo, el país era nuevo, el trabajo era nuevo, el matrimonio era nuevo, se me hizo demasiado difícil, fueron muchos cambios en muy poco tiempo y por dentro siempre la pena inmensa ahí presente...
Pasé tiempos muy malos, y fue difícil aparentar que todo iba bien y que estaba llevando una vida de ensueño en este país. No, realmente fueron épocas por las que no quisiera volver a pasar nunca en mi vida, me convertí en otra persona, sentí que mis sueños morían, y fui sumamente desgraciada... Realmente el primer año que pasé en Chile fue una pesadilla...
Tuve que tragarme muchas lágrimas, muchas penas, muchas desilusiones, pero esas cosas me hicieron fuerte, y me abrieron los ojos a muchas cosas que nunca hubiera creído posible en mi vida anterior tan despreocupada y feliz. Estuve muy sola, en algún momento estuve súper lejos de todo lo que alguna vez amé en la vida, pero esa soledad me permitió conocerme más a mi misma y darme cuenta que la vida no es color de rosa, al contrario la vida es perra, es cínica, es asquerosa, pero ya depende de uno no contaminarse y dejarse llevar por eso. Si hay algo de lo que puedo sentirme orgullosa es que siempre he sido una persona transparente, no me gusta el engaño ni el cinismo y gracias a Dios mis valores los mantengo intactos, a pesar de que he tenido que patalear mucho para sobrevivir en esa época, en un país extraño y con un dolor tan grande en el corazón.
Después algo mejoró, adaptación que le llaman, finalmente logré asumir que acá tengo para rato y empecé a verle el lado positivo al asunto. Empezamos a hacer proyectos con mi esposo, conocí nuevas amigas, me llené de sobrinos postizos y empecé a querer más a esta ciudad en la que vivo y donde quizá algún día nacerá y crecerá el hijo que sueño con tener.
Ya me adapté, pero igual una parte de mi corazón se quedó allá y es algo con lo que tengo que vivir y ya lo asumí así. Lo difícil de estar en un país extranjero es la sensación de no pertenencia, siento que no pertenezco acá pero tampoco siento que pertenezco al Perú o a Lima, no, ya no, así sea difícil aceptarlo, la última vez que estuve allá me sentí turista, pero acá nunca dejo de sentirme extranjera, allá están mis recuerdos más queridos, acá está mi vida como es ahora, es irónico, a veces no me siento parte de nada, no me involucro mucho en los asuntos de este país, pero cuando viajo y regreso a Chile siento que estoy llegando a mi casa, porque pese a todo mi vida está acá...
Cada vez que analizo mi proceso de adaptación siento que me duele el corazón, fue demasiado difícil pero creo que ya pasó la peor parte, espero que todo vaya mejorando como de hecho ha sucedido, total o me adapto o muero en el intento porque regresar a vivir a Perú lo veo como algo prácticamente imposible, así me duela en el alma admitirlo...
Sorry por este post tan depre y disperso, son recuerdos muy tristes y sentí la necesidad de vomitarlos todos a ver si así me limpio un poco de todos mis rollos mentales. Y como igual Chile es el país que me acoge quiero rendirle un pequeño homenaje. Hace tiempo escribí un post enumerando las 10 cosas que más me gustaban de Lima, hoy voy a hacer lo mismo con Santiago, aquí van:
1. La ciudad al día siguiente de la lluvia. No hay nada más hermoso sentir el sol brillar con el cielo totalmente azul y al fondo la cordillera nevada haciendo contraste con los edificios.
2. El metro. Un medio de transporte rapidísimo, impecable y eficientísimo que une prácticamente todo Santiago.
3. Poder cruzar la calle leyendo el periódico si quieres y saber que ningún auto te va a atropellar porque aquí el peatón SI tiene la preferencia.
4. Ver a las 9 de la noche niños de 10 años montando bici en el parque cerca de mi casa, sin necesidad que haya algún adulto chequeando que no se aparezca algún secuestrador o violador.
5. Las ciclovías que hay por toda la ciudad y lo lindo que es ver en los fines de semana familias enteras montando bici juntos, y todos con su casco.
6. El otoño, donde los árboles se ponen de mil colores y las calles se llenan de hojas secas.
7. Bajar a la estación del metro, y meter una moneda en una máquina dispensadora de libros para tener algo que leer en el camino. Como quien se compra un chocolate o una bebida, se puede comprar un libro.
8. Los edificios tan lindos que hay, que no están todos apretujados pared con pared sino que por lo general tienen bastante espacio entre uno y otro y la mayoría con jardines intermedios.
9. El pastel de choclo que sirven en Pomaire, que es el más rico que he probado en mi vida.
10. La gran cantidad de vinos que hay por acá. Es rico en la nochecita probar un vino nuevo sentada en la terraza.
Esas son las cosas que me gustan de esta ciudad, dicho esto me voy a disfrutar mis dos días feriados. Si por casualidad algún chileno lee esto, feliz 18!!!!




